Xelo Huertas. | Joan Torres

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El PSIB tiene un disgusto tremendo con Xelo Huertas, flamante presidenta del Parlament por acuerdo de toda la izquierda. Xelo se ha convertido en azote de los socialistas, pisándoles los callos por el nombramiento de Fernández Terrés o por haber nombrado familiares. Huertas no ha tenido miramientos ni con su compañero vicepresident Vicenç Thomàs porque su hijo ha sido contratado como asesor en una institución. Finalmente el asunto se ha medio calmado, pero el Govern de izquierdas ha tenido un mal arranque en el Parlament por las embestidas protagonizadas por Xelo y su grupo. Incluso ha estado a punto de bajar a la arena para hacerles una pregunta heridora a sus excompañeros. «Xelo va a degüello», comentan.

Huertas ha sido militante del partido socialista desde principios de los años noventa hasta hace poco más de un año, coincidiendo con el gran éxito de Pablo Iglesias en las europeas del 2014, «que le hizo cambiar de bando». Unos pocos meses antes Xelo había liderado en Marratxí las fratricidas primarias a favor de Aina Calvo y contra Francina Armengol. Su actuación actual, ya en otro partido, le parece al PSIB «un ajuste de cuentas personal que está arrastrando al resto de Podemos contra nosotros. No parece serio, porque esta inquina solamente se produce en el Parlament, pero no en el Consell o en Cort, donde no hay resentimientos personales».

Huertas sacó las oposiciones a funcionaria del Ajuntament de Marratxí a principios de los años noventa. Enseguida se colocó cerca del alcalde del PSIB, Martí Serra, que ocupó el cargo hasta 1999. Su sucesor también fue socialista: Miquel Coll, pero por poco tiempo. Quién sí ascendió dentro del Ajuntament fue Chelo, que llegó a ser responsable técnica del área de Urbanismo bajo la sombra de su partido socialista.

«Xelo es ambiciosa», comenta un destacado militante del PSIB-Marratxí, «hace unos años llegó a presentarse para a secretaria general en el término. No ganó y eso la contrarió muchísimo». También ha estado en la dirección de varias campañas electorales socialistas. Pero cosechando «alguna derrota». Esta fuente dice: «Que se prepare Jarabo porque Huertas cree que ha nacido para lideresa y si no lo consigue todo chirría». Y añade: «en este aspecto del o mando o la armo ya hemos tenido dos ejemplares famosos en Marratxí, José Ramón Bauzá y Xelo».

En 2008 Huertas se metió de lleno en la lucha interna socialista a nivel balear. Se opuso a que Pablo Martín, defendido por la cúpula socialista, fuese designado cabeza de lista al Congreso. Ella apostó por Antonio Masana «pero le salió el tiro por la culata». Masana revolotea ahora por el Parlament junto a Xelo. Es otro de los resentidos.

Con la desbandada de Calvo

Pero la gota que colmó el vaso para Huertas y le hizo saltar al nuevo barco podemita fue la atronadora derrota de Aina Calvo en las primarias del PSIB del año pasado. «Xelo creía que esta vez sí jugaba a yegua ganadora pero volvió a morder el polvo de la derrota». Ya era demasiado. Rompió el carnet de toda su vida, se transformó en renovadora y se montó en la grupa del potro Podemos metiéndose en el círculo de Marratxí. «Con tanta veteranía política a sus espaldas y sabiéndoselas todas, no es extraño que consiguiese un buen puesto en la lista electoral y que haya logrado ser presidenta del Parlament», comenta un destacado miembro de la cúpula del PSIB, dolido por sus actuales baderillazos, propios de auténtica furia de conversa.

Xelo llegó al antiguo edificio del Círculo Mallorquín repleta de cicatrices. Llegaba su hora. Mientras Podemos entró con ilusión en los gobiernos del Consell y Cort, en la cámara balear ejerce de avinagrada mosca cojonera. Aunque Chelo provenga políticamente de Marratxí, vive en Palma. Y en Palma los partidarios de Calvo acabaron rabiosos contra el sector mayoritario de Francina Armengol. Otros también amenazaron con irse al partido de Pablo Iglesias. El entorno de coleta morada se apresuró a afirmar que no querían en sus filas a veteranos resentidos del PSOE. En la práctica no ha sido así.

«Es una lástima que frustraciones de política interna acaben saliendo a la luz en el Parlament, a los ojos de todos los ciudadanos», comentan, dolidos, dirigentes del PSIB. Es como si Xelo ejerciese de brazo vengador de Calvo tras su derrota, utilizando un partido emergente que oficialmente vende aire fresco y cambio generacional. La superveterana Chelo quiebra la imagen de Podemos como partido del cambio. Las cicatrices de Xelo vienen de muy lejos y de muy dentro del seno socialista. Huelen a vendetta de una mujer que no logró llegar a secretaria general de Marratxí y se fue a otro partido.