Agua y algarrobas, la única munición autorizada en la Garrovada. g Fotos: A.P. | Antoni Pol

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Cientos de costitxers participaron ayer en la quinta edición de la Garrovada, otra fiesta recién creada cuyo acto central es una batalla, de algarrobas este caso. No faltaron los excesos, la ligereza y, en fin, la diversión.

Aunque la batalla no comenzó hasta la tarde, la fiesta empezó por la mañana, cuando los participantes partieron acompañados de burros, caballos y otras bísties a una finca cercana al pueblo para recoger la imagen de Sant Garroví, el patrón protector de la fiesta. El retorno hacia el pueblo es en forma de procesión. Al llegar a la plaza, el rector de Costitx, Guillem Feliu, expárroco de Santa Margalida y ahora rector de Sineu, Costitx, Sencelles y Llubí, bendijo la imagen del santo. Luego tuvo lugar la lectura del pregón, esta vez a cargo de Toni Jofre, uno de los organizadores y la persona que preparó el arròs brut que luego se sirvió a los asistentes. Al acabar, un poco antes de lo previsto, el nuevo rector y el alcalde, Antoni Salas, dieron el sus a la batalla de algarrobas.

Espacios

Este año, con el propósito de reducir la zona que se ensucia, Ajuntament y organizadores limitaron el espacio para guerrear a la plaza de la Mare de Déu. Los participantes, satisfechos, calificaron la quinta Garrovada de «éxito».