El presidente del Club Nàutic, Pedro Siquier, no se pronunciará hasta reunirse con la junta. | Efe

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La asamblea general del Reial Club Nàutic de Pollença, celebrada el sábado 19 de abril, se ha convertido en un auténtico polvorín que tiene a la junta directiva pendiente de un hilo. Un grupo de socios disconformes con su gestión advierte de que, si en los próximos días no hay dimisiones, pedirá a la Direcció General d'Esports que intervenga el club y nombre una junta gestora que se haga cargo de su administración mientras se convocan nuevas elecciones. Un conocido abogado ha apuntado incluso la posibilidad de poner los hechos en conocimiento de la Fiscalía.

El detonante de la situación ha sido el debate de las cuentas de 2013 que incluyen las obras de reforma realizadas en el club social. La antigua directiva dejó en caja más de un millón de euros mientras que la nueva directiva cierra las cuentas de 2013 con un déficit presupuestario de 130.000 euros, las de 2014 (ambas han sido suspendidas) incrementan ese déficit hasta 259.000 euros.

Aunque los socios disconformes aseguran que «no se pone en duda la honestidad de nadie ni que nadie haya metido mano al cajón», hablan de «irregularidades a la hora de elaborar las cuentas» y entienden que «alguien tiene que pagar las consecuencias». «Es lógico que dimitan», añaden.

Entre las principales acusaciones a las que se enfrenta la directiva actual (Pedro Siquier es el presidente) está la de incumplir los estatutos del Club al haber proyectado y contratado la reforma del club social sin consultarlo previamente con la asamblea. Los estatutos establecen la obligatoriedad de consultar con la asamblea cualquier inversión que supere el 20 por ciento del presupuesto anual y esta lo supera con creces.

Tampoco ha sentado bien entre los socios de Pollença que se haya contratado a empresas de fuera del pueblo para estas obras. Hablan de « amiguismo o comisionismo » y piden que se den las explicaciones oportunas.

El presidente del Club Nàutic, Pedro Siquier, ha rehusado de momento pronunciarse a la espera de reunirse con su junta a finales de semana.