El alcalde de Llucmajor (centro), durante un pleno municipal. | Teresa Ayuga

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Tras dos planes de ajuste y tres años de sacrificios, el alcalde de Llucmajor, Joan Jaume Mulet (PP), da por saneadas las cuentas municipales y, en consecuencia, anuncia una rebaja impositiva que tendrá especial incidencia sobre el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI). Un anuncio que llega justo después de conocer que la liquidación del presupuesto de 2013 arroja un remanente positivo de tesorería de 2,9 millones de euros y un superávit de 10,4.

Jaume expuso ante el pleno que, desde el punto de vista económico y financiero, «los cimientos del ayuntamiento están más reforzados que nunca para afrontar el futuro, gracias, en gran medida, al esfuerzo y a la gestión presupuestaria que han llevado a cabo los diferentes regidores del equipo de gobierno», sostuvo.

Desde la bancada de la oposición, el portavoz del PSOE, Joan Jaume Sastre, valoró de forma positiva los resultados económicos aunque advirtió de que el esfuerzo y sacrificio digno de reconocimiento es el que ha llevado a cabo una ciudadanía «que ha visto recortados derechos y ayudas». En el mismo sentido se expresaron Bernardí Vives (PI) y Jaume Tomàs (PSM), quien solicitó que, tanto el remanente positivo de tesorería, como el superávit presupuestario se destine «a un aumento de servicios e inversiones. Que la mejora sea visible para la ciudadanía», añadió el líder nacionalista.

En su turno de contrarréplica, el alcalde reconoció el sacrificio hecho por los ciudadanos, al tiempo que recordó implícitamente a sus adversarios el uso político que hicieron, ahora hace justo dos años, de la presentación de un plan de ajuste que, pasado el tiempo, se ha demostrado exagerado. «Se ha procedido a la reducción del gasto corriente, la eliminación de asesores y a la supresión de ayudas a partidos políticos; pero hemos podido evitar el cierre de la residencia, las escoletas y las piscinas, y reducir el aumento de la presión fiscal del 24 al 12 por ciento», concluyó.