Las autoridades cortan la cinta inaugural del nuevo circuito Territori 100 Emocions. A la derecha, el alcalde Torres prueba una moto en la feria. | Elena Ballestero

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El motor gana terreno a la infancia en la segunda de las tres ferias que preceden al Dijous Bo. Inca se convirtió ayer en centro de peregrinaje para los amantes del mundo del motor. Los nostálgicos (había extensas exposiciones de coches y motos con carácter) y los amantes del riesgo y de la velocidad (había circuitos y exhibiciones variadas) tomaron ayer por entero la ciudad.

La mayoría de exposiciones de vehículos se concentró en torno a la Gran Vía Colom transformada en un inmenso escaparate sobre ruedas mientras que en la zona peatonal repetían los puestos de venta de productos artesanos, presentes ya en la primera feria, muchos de ellos dirigidos al público infantil.

Tradicionalmente la segunda de las ferias de Inca iba dirigida al motor pero también a las familias con niños si bien con el paso del tiempo, coches y motos han ido ganando terreno y la actividad para el público infantil se reduce prácticamente a alguna actuación dirigida en los lugares más céntricos.

Los aficionados al motociclismo estaban ayer especialmente de enhorabuena y es que la segunda feria se hizo coincidir con la inauguración del nuevo circuito 100 Emocions. Ocupa unos terrenos que formarán parte del nuevo polígono industrial junto al campo del Sallista y que el club 100 Emocions ha transformado con el beneplácito del Ajuntament en una pista de trial y motocross que pretende convertirse en un referente comarcal.

«Hace más de un año (ya lo llevábamos en nuestro programa electoral) que manifestamos nuestra intención de tener un espacio para los jóvenes pilotos, unas instalaciones dignas», dijo el alcalde, Rafel Torres, durante la inauguración del circuito gestionado por el club y que contará con una escoleta de trial y otra de motocross.