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A sus 34 años y tocado por las cataratas, Rasputín sigue siendo hoy el héroe alado de Mancor de la Vall. El cuervo, desde 1981, recrea cada año el episodio de la cultura cristiana según el cual unos cuervos alimentaron a Sant Antoni y Sant Pau cuando estos estaban a punto de morir de hambre en el desierto.

Rasputín desciende, cada domingo previo a la festividad de Sant Antoni, del campanario de la iglesia parroquial con un pan en el pico, ayudado por un ligero cordel que le sirve de guía siguiendo atentamente las instrucciones de su propietario, Manel Alba, que desde hace un par de años tiene, además de a Rasputín, a un joven ejemplar, Maria, posible sucesora cuando los años (Rasputín tiene ahora 34 y eso supone la ancianidad para un cuervo) impidan al mítico Rasputín surcar los cielos.

La fiesta antes de Rasputín se hacía con un cuervo disecado, algo hoy casi inimaginable después de treinta años de tradición.
Manel y su hermano Carlos (este último es el encargado de recoger al cuervo en la plaza) intentaron ayer que fuera Maria y no Rasputín quien descendiera por el cordel pero la hembra, más joven y de mayor tamaño no se dejó atrapar de modo que a Rasputín le tocó repetir. Pasados quince minutos de las cuatro de la tarde emprendió el descenso desde la torre. Dio un susto cuando se soltó del cordel y cayó de una altura importante pero no sufrió daños importantes.