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Los taxis pirata vuelven a la carga en el Port de Pollença, en uno de los momentos de crisis más difíciles.

La inspección de transporte cazó ayer in fraganti a un presunto taxista ilegal en el momento en que recogía a un grupo de turistas británicos a las puertas de un conocido establecimiento turístico del Port de Pollença. Los pasajeros reconocieron que pagaban 60 euros al conductor para que les trasladase hasta el aeropuerto de Son Sant Joan, 13 euros menos de lo que cobra un taxista legal. El vehículo ha sido precintado y se ha abierto el correspondiente expediente sancionador.

Competencia
Los taxistas del Port de Pollença, destino por excelencia para los turistas británicos, luchan desde hace años contra este tipo de competencia desleal que se agrava teniendo en cuenta la bajada de ingresos que sufre el sector como consecuencia de la crisis. «Son cuatro o cinco ingleses que tienen un BMW, una Ford, un Opel Zafira, cargan turistas y les aleccionan para que si les para el inspector digan que es un amigo que les lleva al aeropuerto y todo queda en nada», explicaba ayer uno de los taxistas con más experiencia.

«No es que este año haya más taxistas piratas, son los mismos pero nos vemos más afectados porque están trabajando más que nosotros», explica el portavoz de los taxistas del Moll, que considera que «es una miseria arriesgarse a tener un accidente y que no te cubra el seguro por ahorrarte 13 euros en el trayecto».