El párroco Miquel Company. | miquel a. canellas

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Después de 53 años como sacerdocio, el padre Miquel Company ha decidido que ya es hora de jubilarse. El párroco de la iglesia de La Soledat está en plena cuenta atrás pero advierte que «la parroquia no cerrará. Vendrá un párroco y un vicario». Aún no es oficial el nombramiento de su sucesor, que se compartirá con otra parroquia de Palma, pero en los próximos días se conocerá su nombre.

Company deja La Soledat después de doce años en el barrio. «Mi sucesor me preguntó y no le dejo ninguna deuda pero sí alguna gotera», dice con sorna. Lo cuenta desde el patio de la casa contigua a la iglesia, donde presume de «20 carpas en la fuente y 110 rosales que dan hasta 2.000 rosas que luego le pongo a la Virgen».

«Estoy muy cansado. Son muchos años de responsabilidad», confiesa el padre Miquel Company, que cuenta con un abultado currículum a sus espaldas. Espaldas que, por cierto, soportaron el pasado día 26 el peso de la imagen del venerado Santo Cristo de Alcúdia durante más de una hora. Tiene «77 años y una semana» y lleva dos años pidiendo jubilarse.

Relevo

De los 130 párrocos que hay en Mallorca, «más de 60 superan los 75 años. Hay 120 parroquias en las Islas y 60 curas en activo», cuenta Company, que advierte que la falta de vocaciones entre los jóvenes españoles se suple con curas de Perú, China o el continente africano. «Antes íbamos nosotros para allá y ahora vienen ellos», dice con cierta ironía.

Precisamente él hizo las maletas con apenas 24 años hacia Chimbote (Perú). Llevaba trece años en el Seminario y «salir de la Isla nos dio libertad». Volvió a Mallorca tras ser tiroteado por Sendero Luminoso, la organización terrorista que asesinó a alrededor de 40.000 personas en el país entre los años 80 y 90. Company estuvo a punto de engrosar la lista de víctimas, entre las que había amigos suyos: «Sendero Luminoso decían que el cura sabía demasiado. Y entonces vinieron a la rectoría y me dispararon en la mandíbula. La bala se quedó alojada en el oído». El miedo se le quedó incrustado dos años.

Un mes después regresaba a Mallorca. Fue profesor 18 años en San José Obrero y luego pasó 17 años en la parroquia del Pla de na Tesa. «Me cuestan mucho los cambios. Me sentía muy bien en el Pla de na Tesa pero aquí he encontrado unas colaboradoras muy buenas en las religiosas del convento de las Hermanas de la Caridad».

A punto de terminar su estancia en La Soledat, donde «hay alemanes comprando casas» y advierte que «esto ha sido como un pueblo. Es un barrio entrañable. Todos los vecinos se conocían, había sopars a la fresca. La asociación de vecinos ha hecho un gran trabajo». Confiesa que, «mientras en el resto de parroquias bajan las colectas, que suplen con los ingresos de alquileres, aquí suben. Aunque somos una parroquia humilde».

Hace dos años regresó a Perú para celebrar el 50 aniversario de la parroquia que fundó en los 60. Ahora, se celebrará el medio siglo del colegio público que ayudó a abrir en el país. «Me voy a sentir libre», dice mientras ya piensa en volver a su añorado Perú.

El apunte

La Soledat pierde la asociación de vecinos por falta de relevo y ayudas

Son malos tiempos para el asociacionismo en La Soledat. Además de la partida del párroco, el barrio ha perdido recientemente la Associació de Veïns de La Soledat por falta de relevo generacional. Tampoco ha ayudado que la entidad vecinal no accediera a ningún tipo de ayudas del Ajuntament, lo que le obligó a dejar de publicar la revista del barrio. Una publicación con un importante arraigo, testigo de los cambios de la zona.