Más de 300 vecinos participaron en la votación para decidir su crecimiento. | Pere Bota

28

Vivir en Son Sardina es un sueño imposible incluso para los propios sardiners. Si en Palma hay un grave problema en el acceso a la vivienda, en el caso de este barrio palmesano de poco más de 1.600 habitantes se ve aún más agravado. Mientras tanto, en este lugar se debate su posible crecimiento. La semana pasada se votó en contra de un gran crecimiento y se reclama al Ajuntament de Palma que el Plan General haga solo unas pocas viviendas por temor a perder la esencia de este lugar. Paula Roig tiene 27 años y vive con sus padres. Se muestra preocupada por el futuro crecimiento de Son Sardina, «nos da miedo perder la identidad. Ahora mismo ya hay problemas por falta de infraestructuras y no hay aparcamiento».

Roig ya tiene planes de futuro: «Arreglar la casa de mi abuela. No podemos permitirnos comprar una casa ni aquí ni en Palma. Pero esto pasa en todos lados». De sus amigos, solo un par de ellos «viven en la que era la casa de sus abuelos o de sus tíos y la comparten. Todos los demás ya no viven aquí. Lo que no creo es que si se construyen pisos sean para la gente de este barrio, tendrán acceso todas las personas de Palma».

Crecimiento

Roig es consciente de que tiene que haber un crecimiento, «pero acorde al sitio en el que estás viviendo. Si se construye mucho, podrían bajar los precios de la vivienda en Son Sardina pero ya no habría tanto interés por vivir aquí». Eso sí, confirma que «no me parece mal que se hagan VPO pero habría que ver dónde metemos los coches. El PAC y la escuela son pequeños y las calles están como están». Esta joven forma parte de la plataforma Salvem Son Sardina y vive en la calle Lau, afectada por el Plan General.

Otro joven que prefiere no ser identificado señala que «tanto en Palma como en la Isla tiene que haber un cierto crecimiento porque no hay casas disponibles. La gente del barrio se tiene que ir fuera porque no hay casas ni pisos a precios normales». Para este joven, «que Son Sardina crezca en 400 viviendas es una barbaridad, pero ya dicen que se ha reducido a poco más de 160. Esa podría ser una solución si son pisos de protección oficial». Y reconoce que para vivir en Son Sardina «la única alternativa es heredar o tener un conocido con una casa vacía».

Con precios que superan los 400.000 euros, los jóvenes se ven obligados a salir de su lugar de nacimiento. «Las casas que se están construyendo tienen precios desorbitados y van dirigidas a un público con mucho poder adquisitivo», dice este chico que trabaja para pagarse los estudios.
«El crecimiento cero es un poco egoísta. Es una tontería. Tenemos que crecer porque la población crece. Pero también hay mucha hipocresía: hay gente que se ha hecho un chalet de nueva construcción tirando todos los almendros pero luego firma para que el crecimiento sea cero, que luego no permitirá hacer ampliaciones ni piscinas. Aquí, o heredas o te vas fuera». Este joven también reivindica mejoras para el barrio «que no se están cumpliendo. Nos prometieron una plaza nueva y seguimos esperando».

En el caso de Clara Bernales, trabaja en Son Sardina desde hace años pero no ha sido capaz de encontrar una vivienda asequible. «Me gustaría vivir aquí, pero con lo caro que está...». Afirma que el alquiler asciende a 900 euros cuando hasta hace unos pocos años pudo alquilar un piso por 600 euros. «No gano 3.000 euros como para pagar un alquiler de 1.000. Tendría que compartir piso». Bernales teme que si se construyen viviendas, «según el precio, igual solo lo comprarían alemanes ricos y los alquilarían a precios descomunales. No digo un no rotundo al crecimiento de Son Sardina, pero debería ser asequible para la gente de aquí».

De todos sus amigos, «solo dos viven aquí porque tienen las casas de familiares. No conozco a nadie que haya comprado aquí vivienda y una pareja de amigos está pagando 900 euros por un piso de dos habitaciones aquí». Por otro lado, Antonio (que ha pedido que su nombre sea cambiado) es un sardiner que sobrepasa los 35 años. Hasta hace un par de años vivía en Son Sardina pero ha tenido que salir del barrio. «Por una casa muy pequeña me pedían 300.000 euros y tenía que invertir casi 100.000 euros para reformarla», dice.

Se pregunta que «cuando hablan de crecimiento cero, ¿dónde va a vivir la gente joven? No habrá casas cuando los jóvenes se quieran independizar. Entiendo que no hay que crecer a lo bruto, pero algo tendrá que crecer. Está claro que si hay mucha demanda y poca oferta, puedan pedir lo que quieran». Y hace un apunte: «Los que no quieren crecer son nouviguts que compraron hace pocos años. Es una hipocresía: ‘me puedo hacer una casa pero luego ya no se pueden hacer más’... Estoy a favor de un crecimiento medio. Mi padre es de un pueblo de la Serra y tampoco he podido vivir allí».
Pere Morell, con 22 años, advierte que el crecimiento que había propuesto al principio el Plan General «era una bestialidad. Menos mal que han rebajado el número de viviendas».

Un amigo suyo ha conseguido independizarse a una casa de su padre y afirma que «si hacen VPO, igual la podría pedir yo también. Cada vez está más complicado, tendría que heredar de mis padres para poder vivir en Son Sardina». Ahora, el día 29 el Ajuntament acudirá a Son Sardina para explicar el proyecto «y podremos repensar», dice.

El apunte

La barriada, libre del interés de los inversores extranjeros

Esta semana apareció en Son Sardina la publicidad de una inmobiliaria extranjera que buscaba propiedades en Son Sardina para comprar. Tras el revuelo inicial, las aguas han vuelto a su cauce.

En el barrio apenas hay oferta disponible y aquellos que compran una vivienda suelen ser «parejas de mediana edad con alto poder adquisitivo», dicen los entrevistados. Lo habitual es que una casa con terreno supere el medio millón de euros, aunque es posible encontrar una casa más barata con un pequeño patio por 400.000 euros y a la espera de hacer una reforma. Los extranjeros parece que no se han fijado en Son Sardina. Aún.