Imagen de la plaza de Francesc García i Orell, popularmente conocida como la plaza de las Columnas. | M. À. Cañellas

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Entre el abandono municipal y la especulación. El futuro de la barriada de Pere Garau es, cuanto menos, incierto. Al menos eso es lo que piensa Nael Falo, portavoz de Flipau amb Pere Garau. «Los problemas del barrio son los mismos de siempre. Es lo que sucede cuando te pasas décadas invirtiendo migajas, o directamente nada, en la zona. Aquí faltan zonas verdes y equipamientos de calidad. ¿Tomarán medidas? Ya veremos», dice.

En sus 68,2 hectáreas conviven 28.767 personas censadas, lo que convierte a Pere Garau en la zona con mayor densidad de habitantes de Palma, justo por detrás de Son Ximelis. Y, sin duda, el barrio es muy conocido por su multiculturalidad. Y no es para menos. En Pere Garau el 40 por ciento de sus vecinos son extranjeros. Conviven hasta una veintena de nacionalidades, entre las que destacan, por el número de habitantes, ciudadanos de dos países, China y Bolivia; aunque hay que tener en cuenta el número ecuatorianos, marroquíes, búlgaros, colombianos, rumanos, indios y argentinos residentes. Como curiosidad, es el único barrio en el que hay templos para el culto -sin contar la fe católica- de hasta cinco creencias religiosas diferentes, como son la iglesia de Filadelfia, la evangelista, musulmanes, la fe Bahá'í, o la cristiana bíblica.

«Convivimos con el incivismo, que no todo es culpa del Consistorio, no nos engañemos, y con la falta de presencia policial. Si uno se pasea por el barrio, se encuentra con multitud de edificios tapiados y okupados. La degradación es muy evidente en algunas calles. La policía lo sabe, pero no actúa», apunta el portavoz de la entidad vecinal Flipau amb Pere Garau, al tiempo que verbaliza la preocupación que hay en el barrio por el aumento constante del precio de la vivienda. «La peatonalización de la calle Nuredduna es el principio de algo, todavía no sabemos de qué, pero de algo. ¿Hablamos ya de gentrificación, de especulación...?».

Palma report para digital pere garau foto Miquel A Cañellas
Una vivienda okupada en el barrio.

Otro problema que se agrava en la barriada es el del aparcamiento y el aumento de coches abandonados, favorecido por la pandemia. Las calles más afectadas son las vías adyacentes a Capità Vila, en la que acaba la zona ORA, y en la que encontrar aparcamiento es una lotería. A pesar de las promesas del Ajuntament de Palma de ampliar la ORA hasta los límites de Son Gotleu, por el momento han caído en saco roto. «Pere Garau es el barrio más poblado de Palma, pero contamos con 0 plazas de párking públicas, mientras que en Blanquerna, por ejemplo, hay 1.806 plazas de aparcamiento», apuntilla Nael Falo, que añade que por la idiosincrasia de la zona, las nuevas viviendas no pueden incorporar párkings subterráneos: «El problema no a va dejar de hacerse más y más grande».

Sin olvidar el problema de la falta de equipación y de zonas verdes. Para que hagan cuentas, el pulmón verde de la barriada es la plaza de las Columnas. «Piense en el estado del PAC de Pere Garau. ¿Alguien puede creer que es suficiente para 28.000 residentes? Parece que el Ajuntament sí. Y eso que Inca, por ejemplo, con 33.000 inscritos tiene hasta un hospital propio. «Aquí hay muchos solares vacíos. Algunos llevan hasta 14 años ¿Por qué no los utilizan?, se pregunta Nael Falo.

Recuerda también que Cort no deja de anunciar que en 2022 Pere Garau tendrá una biblioteca municipal, lo que no dice es que el local comercial solo tiene 150 metros cuadrados útiles. Además, la entidad vecinal hace hincapié en problemas como el estado de las aceras de la zona, que incumplen flagrantemente la normativa, y es un problema para la gente mayor y las personas con discapacidad. «Muchas aceras, en especial de las calle más estrechas, miden 1,50 cuando deberían ser de 1.80 metros. Te encuentras calles así por toda la barriada. ¿Eso se va a poder solucionar?», se preguntan.

Palma report para digital pere garau foto Miquel A Cañellas
Detalle de una calle en Pere Garau. Mide 1,50 metros, en lugar de 1,80, como debería ser.

Un poco de historia

Situada en el Distrito de Llevant, la barriada de Pere Garau, que lleva este nombre en honor al autor del trazado del ferrocarril y el tranvía de Sóller, 'nació' en el ensanche de Palma con el Plan Calbet de 1901. Construido en los terrenos de los antiguos núcleos de Son Coc, una antigua finca rústica, y de La Paloma, una marca de anís, por aquella época todo el terreno estaba formado por campos de cultivo. Por este motivo, algunas de las calles del barrio conservan el nombre de desaparecidas fincas agrarias.

Entre los años 1910 y 1930 se empezaron a construir sus calles. Las edificaciones que lo formaban eran en su totalidad eran muy características: viviendas unifamiliares de una o dos plantas con un patio o un huerto en la parte posterior. Pero no fue hasta 1925 cuando empezó a crecer de verdad, cuando la cooperativa 'La Redención del Hogar' adquirió una parcela y edificó más de 100 viviendas. El barrio siguió su proceso de expansión y en 1931 se construyó el Colegio Público Pere Garau, la primera escuela del ensanche palmesano; en los 40 se edificó su famoso mercado, aún hoy el centro neurálgico del barrio; mientras que en la década de los 70 llegó a ser la zona de Palma con el mayor número de salas de cine, aunque en la actualidad, tristemente, todas han echado el cierre.

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Los cines Metropolitan, en la calle Gabriel Llabrés, echaron el cierre en 2011. Eran las últimas salas del barrio.

Pere Garau ha vivido tres oleadas de emigrantes: por un lado, los mallorquines que llegaron de la part forana para instalarse en la capital palmesana en los 40 y 50; luego, en los 70, comenzó la llegada de forasters de la península, que buscaban trabajo en la naciente y cada vez más próspera industria del turismo. Como muchos aseguran, cuando los mallorquines 'de pura cepa' «terminaron de aceptar» a sus nuevos vecinos, el barrio empezó a vivir una nueva oleada, la de ciudadanos de África, Latinoamérica o Asia, con sus costumbres, diferencias y religiones.

El futuro del barrio

«Tenemos claro que la peatonalización de la calle Nuredduna no gusta a casi nadie, y la reforma del recorrido de los autobuses de la EMT tampoco ha dejado indiferente a ningún residente, porque está congestionando otras calles, como Nicolau de Pacs», apunta Nael Falo. Además, recalcan su preocupación con las obras de reforma que el Consistorio lleva a cabo en la plaza Guillem Moragues. «Dicen que amplían las aceras para hacerlas más anchas para los peatones. Veremos si solo sirven para que los bares amplíen sus terrazas. Y los mini espacios donde van a colocar jardineras, si no se convierten en ceniceros o papeleras improvisadas, como ha sucedido con los grandes maceteros que han colocado en la plaza Pere Garau», señala el portavoz de Flipau amb Pere Garau.

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Nael Falo, portavoz de la entidad vecinal Flipau amb Pere Garau.

Además, los residentes recuerdan que muy cerca de esta plaza, en la calle Adrià Ferran, más conocida como la calle de los pinos, eliminaron hasta 15 árboles en 2015 porque estaban enfermos, y solo dejaron uno. Han pasado seis años y es ahora cuando empiezan a replantar en la zona. Los vecinos no olvidan.

El apunte

La polémica peatonalización de Nuredduna

Calle Nuredduna
Imágenes de las obras en Nuredduna. FOTO: Teresa Ayuga

Peatonalización siempre es sinónimo de polémica en Palma. ¿Recuerdan las protestas de la calle Olmos? ¿Y la de Blanquerna? ¿O la de eje cívico de Fábrica? El proyecto de reforma de la calle Nuredduna no iba a ser menos. Vecinos, comerciantes de la barriada y oposición saltaron encima del equipo de gobierno de Cort nada más conocerse la noticia.

A pesar de la movilización vecinal, el Consistorio ha seguido apostando por este proyecto; las obras continúan a buen ritmo y finalizarán este 2022. Los vecinos denuncian las molestias que ocasionan los trabajos de peatonalización, la eliminación de plazas de parking y los cambios en las rutas de la EMT, al tiempo que alertan de la gentrificación que comienza a vivir la barriada de Pere Garau y la llegada de especuladores. El tiempo lo dirá.