Cartel del bar La Polilla. | T. Sorell

El paso del tiempo también se puede medir por la transformación de los rótulos de los establecimientos, injertados en el paisaje urbano de Palma. El ciclo Altres Mirades, organizado por el Ajuntament de Palma, se embarcará este sábado y el domingo 28 en un paseo gráfico por la zona de Joan Miró y Gomila. El maestro de ceremonias será el diseñador gráfico Toni Sorell, responsable de Rotuïlla, un perfil de Instagram en el que recoge los carteles históricos de Palma, «los fósiles de plástico». La expectación es tal que ya no quedan plazas.

«Los carteles forman parte de la memoria visual», señaló Sorell, y «Joan Miró es un parque jurásico de rótulos. Con esta ruta analizamos lo que significó para el ocio nocturno la zona de Gomila desde los años 60». Estos vestigios recuerdan la existencia de locales como La Guitarra, El Patio, Casa Mascaró, el Club Delfos (ahora derribado para construir pisos de lujo), el Nito’s Pollos para Llevar, la extraordinaria convivencia de la Peluquería Picornell con Los Oficios Terrestres o La Polilla.

Sorell advirtió que «la zona parece salir del olvido con las operaciones inmobiliarias, que destruyen el patrimonio gráfico existente». La ruta es una excusa para reivindicar la protección del patrimonio gráfico. Como diseñador gráfico, Sorell alaba el trabajo de los antiguos rotulistas que «con su ‘arte’ han construido piezas magníficas». El glamour olvidado y la ebullición ‘volcánica’ del ocio nocturno de Gomila en los años 60 y 70 se percibe en estos restos que aún perviven en las fachadas. «Los colores, las tipografías, los tamaños... Todo es muy peculiar. Sé que hay algo friki en la custodia de ese patrimonio pero habría que transmitírselo al Ajuntament. En la regiduría de Cultura lo han entendido», dijo Sorell.

El colmado Ca’n Rafel
El colmado Ca’n Rafel.

Sorell considera que «hay un revival por lo destruido» y advirtió que en Mallorca «hay un síndrome del bulldozer, el síndrome del nuevo rico que a base de cristal y acero inoxidable ha borrado el pasado». Y pone como ejemplo la dolorosa pérdida de la fachada de la relojería Simoncelli, en la calle Sant Miquel. En Rotuïlla, que busca carteles antes de la existencia del prefijo telefónico 971 (que apareció en 1998), Sorell ha creado un pequeño museo. Rotuïlla, que forma parte de la Red Ibérica de Protección del Patrimonio Gráfico, «fue una iniciativa que surgió antes de la pandemia, cuando iba paseando». Esta Red Ibérica se encarga de la difusión, la valoración y protección del patrimonio gráfico, llegando incluso a guardar carteles que van desapareciendo en otras ciudades de España.

El diseñador Toni Sorell
El diseñador Toni Sorell.

En Rotuïlla «la gente ya nos manda fotos de rótulos de los pueblos. Estos carteles desaparecen y no te das cuenta», señaló. A esta lista de caídos se suma ahora el mítico cartel de Tito’s, apostado durante décadas en lo más alto de Gomila, y que ahora está guardado, esperando mejores tiempos para volver a brillar en un nuevo emplazamiento.