El bar Vicens, con medio siglo de vida, cuenta con cuatro mesas extra y su propietario, Javier Fuster, se muestra esperanzado.    | Pilar Pellicer

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Se nos ha acabado el chollo», dice con resignación Javier Fuster, propietario del barVicens, en la calle Rubén Darío. Así es el sentir de los hosteleros que ya están viendo en el horizonte el 30 de septiembre, último día con terrazas en aparcamientos.

Un salvavidas para el sector de la hostelería, muy tocado por la pandemia y las restricciones de aforo en interiores.

Este lunes el Ajuntament de Palma reiteró la fecha límite de las terrazas en aparcamientos y los hosteleros asumen que volverán a los interiores. «Hemos tenido un año y medio bueno. Tener cuatro mesas más fuera me ha salvado», dice Fuster, que seguirá con sus pequeñas mesas en aceras y un local muy ventilado. «Los clientes se muestran reticentes a quedarse dentro», añade el propietario de este bar con más de medio siglo de vida, convencido de que resistirá el nuevo panorama.

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Javier Fuster.

Marcos Calero regenta La Consentida, un local que abrió sus puertas hace solo seis meses. «No es un plato de buen gusto», dice el propietario de este local que tiene una terraza que ocupa siete plazas de aparcamiento y cuenta con tarimas de madera que le supuso «una inversión de más de 2.000 euros. Solo hemos podido usarlas cinco meses».

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Marcos Calero, de La Consentida.

En estas plazas de aparcamiento tienen cabida 60 comensales. «Entiendo el enfado de los vecinos pero deberían entender a la hostelería. No sé, creía que podrían dejarnos hasta diciembre», dice.

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Bares como La Consentida han invertido hasta 2.000 euros en las tarimas de sus terrazas sobre aparcamientos, que ahora deberán retirar.
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Xavier Navarrete, del bar Na Maria de Plaça, en la plaza Patines, añade que «gracias a estas mesas nos hemos beneficiado. Nos preparamos para aguantar con las mesas de dentro, tenemos un local amplio».

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Xavier Navarrete, de Na María de Plaça.

A favor de quitarlas está Fernando Robledo, presidente de CAEB Restauración, que admite que «tenemos que volver a la normalidad, es lo justo. Tenemos bares con terraza que pagan 3.000 euros de alquiler y otros que pagan 800 y gracias a esta medida tienen una gran terraza». Eso sí, «si las quitamos, habrá que aflojar las restricciones de aforo en el interior». Robledo cree que algún establecimiento no aguantará volver a la normalidad y echará la persiana.

A su vez, Eugènia Cusí, presidenta de la patronal de Restauración en PIMEM se muestra contraria a la eliminación de estas terrazas: «Se trata de recuperar los aforos al cien por cien y no poner más limitaciones que las que ya padecemos con la reducción de turistas».

La alegría va por barrios. Los vecinos se muestran aliviados. La Associació Barri Civic de Santa Catalina, dice que «estamos en un momento crucial. Será una vuelta a la normalidad que protegía del exceso de ruidos a los vecinos». Este barrio ha padecido la proliferación de terrazas «en calles muy estrechas, viviendas en pisos bajos y muchísimo ruido. La ocupación ha sido excesiva y descontrolada».

Maribel Alcázar, presidenta de la Federació de Associació de Veïns, celebra el fin de las terrazas. «La restauración ha tenido una compensación que no ha disfrutado otros sectores. El párking es un bien escaso y no hay donde aparcar. A los locales se les ha eximido del pago de tasas. Tiene que haber un límite y hay lugares donde ya no puedes ni pasar por la ocupación excesiva de aceras y calzadas». El día 30 todo volverá a la normalidad. O por lo menos, las terrazas.