Pedro Sampol, tras una de las mamparas de la barra del Gibson. | Jaume Morey

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Se llama Pedro Sampol y lleva 38 años tras la barra de un bar. Prepara el Dry Martini en vaso mezclador, no agitado –contrariamente al gusto de James Bond, el agente 007– y sabe adaptarse a cualquier circunstancia. Lo que nunca había hecho es servir a la clientela tras una mampara.

A eso tendrá que acostumbrarse a partir del lunes, cuando Mallorca entrará en la fase 3 de la desescalada del estado de alarma que cumple 84 días este sábado. Ya están sobre la barra de cinco metros del bar Gibson dos de las tres mamparas que definirán los nuevos tiempos. Pedro simula que prepara un cóctel y explica que tendrá que servirlo entre los huecos que queden entre mampara y mampara. Hay gente que sólo cree en las barras y tendrá que adaptarse. Aunque, precisa, ya no son como en sus tiempos de gloria.

Entonces, hasta se fumaba en las barras. No han podido ampliar las terraza ya que el bar está en zona peatonal. Hasta cerca de las dos de la tarde no espera al grupo que habitualmente hace allí su tertulia. Bea Jaume se ocupa en esos momentos de atender las mesas.

El presidente de la asociación de restauración de la CAEB, Alfonso Robledo, ha salido poco antes del Mercat de l’Olivar, donde rigen las normas del distanciamiento. Robledo viene de la zona de pescadería. Muestra su compra y explica que formará parte del menú de su restaurante en las cuevas de Génova. De momento (las cuevas están cerradas), abre los fines de semanas. Se lleva pulido (un pescado, «mejor que el boquerón y que se prepara frito»), cangrejo mallorquín y gamba pantxuda. «Es dulzona y frita resulta una exquisitez» , afirma mientras celebra que asome ya la fase 3. Eso sí, con muchas dudas sobre el futuro. Por eso –añade– es importante comprar producto local en los mercados.

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Cuestión de responsabilidad

Hay animación en el Mercat de l’Olivar donde un guardia de seguridad, además de quienes llevan los puestos, se ocupa de que se cumplan las normas de seguridad. Casi nadie entra ya sin mascarilla aunque si eso ocurre, recuerdan que su uso es obligatorio. La langosta mallorquina está a 58,90, indica Marina Mir desde uno de los puestos. Se diría que mucha gente está eligiendo pescado para prepararse ante la fase 3, en la que además de recuperar las barras de los bares, se ampliarán los aforos y ya se podrá viajar entre Islas.

De la zona de pescadería viene otra habitual del mercado: la escritora Rosa Planas. «Soy clienta de toda la vida, es muy importante mantener el comercio local y los mercados porque son el corazón de las ciudades», dice. Cuando llegue a su casa, continuará con el libro que lleva entre manos: sobre Sor Anna Maria del Santíssim Sagrament, una mística lulista.

La pequeña barra de D’Origen no abriría todavía. De momento sólo vende –es una vinoteca especializada– para llevar. La barra es demasiado pequeña para cumplir con las medidas de distanciamiento. Xisco Planas explica desde su casa que esperarán un poco a abrirla. De momento, está ocupada por botellas de cerveza. Planas no ha podido acudir este día al mercado (está resolviendo asuntos propios en su casa) y Graciela Sotelo es la que se ocupa de todo.

Una pausa en D’Origen a tomarse algo mientras haces la compra se ha convertido en un clásico, sobre todo los sábados. Allí suelen formarse tertulias y se forman grupos tras la pequeña barra. Cuentan que algún conseller del Govern es habitual.

Xisco decidió no servir en la barra (y limitarse a la venta en tienda) incluso antes de que se declarara oficialmente el estado de alarma aquel sábado 14 de marzo en que todo el mundo estaba pendiente de una comparecencia del presidente Pedro Sánchez que no se concretó hasta la noche. Fue de los primeros en colocar el cartel de ‘me quedo en casa’. No se arrepiente. Era cuestión de responsabilidad. Ya han pasado casi 90 días.