Colada de lava por el cono secundario del volcán de Cumbre Vieja (La Palma). | Miguel Calero

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El volcán de La Palma se encuentra en su máxima actividad desde que entró en erupción y se sigue superando día a día sin señas de acabar. En los últimos días se han producido desbordamientos constantes de lava, nuevos puntos emisores, una sismicidad en aumento y las mayores amplitudes de la señal del tremor en un mes. Se podría decir que «estamos en el punto de partida o en el momento de más actividad», asegura David Calvo, portavoz del Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan), y eso que ya han pasado cinco semanas desde que comenzara la erupción en Cumbre Vieja.

Aunque aún todavía está muy lejos, si que existen varias señales para indicar que el volcán se está apagando. Una de las claves para saber si realmente está reduciendo su actividad tiene que ver con la cantidad de gases que emite, y concretamente la de dióxido de azufre. Este domingo la medición era de una emisión de 53.600 toneladas de dióxido de azufre, lo que da cuenta de la intensa actividad del volcán, que tiene abiertas cinco bocas eruptivas y diversos salideros por los que sale lava más líquida, y se contabilizan diez coladas.

Además, en las últimas 72 horas se han acelerado los acontecimientos, con desbordes y roturas parciales de los conos principal y secundario, la apertura de fisuras y la caída de «grandes avenidas» de lava que por el momento están discurriendo de forma mayoritaria por la colada primigenia, la que llegó hasta el mar formando una fajana, que ha aumentado su tamaño. Ese mayor flujo de lava por la colada que arrasó el barrio de Todoque ha rellenado las islas de vegetación conocidas como 'kipuka', y ha arrasado las viviendas que habían quedado indemnes, sobre todo en la zona de Alcalá. Ese aporte extraordinario de lava también está llegando a las otras dos coladas que se aproximaron al mar, pero no lo suficiente para que avancen en su frente.

El resto de coladas están bastante frenadas, incluidas la procedente de la boca eruptiva más al sur, que se ha quedado detenida en la zona de Corazoncillo, en Las Manchas, junto a una planta fotovoltaica, y la que alcanzó la zona urbana del barrio de La Laguna. La directora del Instituto Geográfico Nacional (IGN) en Canarias, María José Blanco, ha indicado que los nuevos centros de emisión surgidos en las últimas horas tienen «la dirección óptima» para que no causen daños materiales mayores. Tanto es así que a pesar de esas grandes avenidas de lava la superficie afectada apenas haya aumentado en las últimas 24 horas en unas 5,1 hectáreas, para un total de 906,3, y las edificaciones destruidas, en 16, para un total de 2.162. La mayor preocupación, ha apuntado Blanco, es que el cono principal sufra una gran deformación y eso influya en la dirección que tomen los ríos de lava.

Si el principio del fin podría verse reflejado cuando disminuyan los gases también hay que tener en cuenta la sismicidad y la deformación de la corteza. En cuanto a la sismicidad, el Instituto Geográfico Nacional (IGN) informa de que no se ve una evolución espacial de los temblores que se producen en La Palma ni una evolución clara de los mismos, con lo que no se espera que haya cambios bruscos como nuevas intrusiones volcánicas. Desde la pasada medianoche del lunes se han registrado más de 30 terremotos en La Palma, siendo el de mayor magnitud el registrado a las 06.05 horas de este martes al alcanzar 4,2 en el municipio de Mazo, de intensidad IV, y a una profundidad de 36 kilómetros. Asimismo, durante esta madrugada se han registrado otros terremotos de magnitud 3,7 y 3,6 a las 00.11 y 02.17 horas, respectivamente, en los municipios de Mazo y Fuencaliente, de intensidad III-IV los dos, y a profundidades de 12 kilómetros el primero y de 10 kilómetros el segundo. De este modo, el 'enjambre sísmico' se mantiene plenamente activo al sur de Cumbre Vieja, con terremotos a profundidades medias de entre 10 y 15 kilómetros, aumentando la posibilidad de que puedan producirse movimientos sísmicos de hasta magnitud VI.

Sobre la deformación, las estaciones cercanas al cono eruptivo no muestran un patrón significativo y que indique un cambio.