Una mujer saca una tarjeta para hacer un pago online. | Pixabay

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El juego online es una práctica todavía por regular. La nueva ley del juego, que entró en vigor a finales del año pasado, debe todavía desarrollar cómo abordarlo. El Gobierno tiene ya sobre la mesa un borrador del real decreto que persigue reducir los riesgos asociados de la práctica online, un espacio que ha crecido en los últimos años. Entre las novedades, dos muy importantes y que los expertos avalan: Se prohíbe el pago con tarjeta de crédito y se ponen límites para que el jugador no pueda 'picarse'.

Concretamente, el proyecto establece que los jugadores deben de decidir de antemano, antes de iniciar una sesión, el tiempo máximo que van a jugar y la cantidad máxima que están dispuestos a gastar. Si el artículo 12 del real decreto conserva su actual redacción, las personas que participen en alguno de los juegos online incluidos dentro de la licencia de “Otros juegos” –es decir bingo, ruleta, black jack, punto y banca y máquinas de azar–, tendrán que hacer una configuración previa de la sesión antes de jugar. Y su sesión terminará cuando se acabe el dinero fijado o cuando acabe el tiempo que esa persona ha dicho que quiere jugar.

Admiten que el jugador siempre puede iniciar posteriormente otra sesión, pero lo que se pretende con esta nueva regulación es que la persona no pierda el control de sus propias decisiones por «las ganas de ganar»; que pare, que la adrenalina le baje y que pueda pensar si quiere volver a jugar y tenga que definir otros límites para una nueva sesión.

En todo caso, en una o en varias sesiones, el jugador no se podrá gastar más allá de los límites establecidos en la ley, es decir, 600 euros diarios o 1.500 euros a la semana.

Control de adicciones

Esos límites sirven a los encargados de redactar el real decreto para distinguir entre varios tipos de jugadores online y calificar como “intensivos” a aquellos que han sobrepasado el 50% del límite de depósito diario –300 euros– o del semanal –750 euros– durante tres días o semanas consecutivas. En el caso de los usuarios más jóvenes, la etiqueta de jugador intensivo se aplica ya si ha gastado el 25% de los límites fijados o, lo que es lo mismo, 150 euros durante dos días seguidos, o 375 euros en dos semanas consecutivas.

Todo ello porque, según los expertos, si se sobrepasan esas cantidades se puede producir un «juego desordenado», algo que pasa con un porcentaje pequeño de los jugadores activos, de alrededor del 15%.

Por el contrario, el 85 % de los jugadores (en España hay 1,5 millones activos) no alcanza esas cantidades, y el objetivo de la norma es establecer medidas para facilitar precisamente que su juego no termine derivando en problemático. En el caso de los jugadores intensivos, la nueva regulación establece que no puedan pagar sus sesiones con tarjeta de crédito para que no puedan endeudarse, de modo que tendrán que abonar sus partidas con tarjeta de débito o monedero y no podrán gastarse más dinero del que tengan en ese momento.

Los responsables del Juego apuntan que en los últimos años ha aumentado el gasto medio por jugador y las cuentas de personas jóvenes, sobre todo de entre 18 y 19 años. El gasto medio anual por jugador, que en el 2016 era de 312 euros, en el 2020 alcanzó los 533 euros.

De ahí que también se incorporen en la norma otros mecanismos de prevención para evitar que el juego pase de ser diversión a constituir un problema, especialmente para los jóvenes, a los que los operadores no podrán incluir en sus programas de clientes privilegiados o vip, ni ofrecerles regalos o contraprestaciones. Además, tendrán que alertarles a través de mensajes si se convierten en jugadores intensivos.

El borrador podría entrar en vigor a principios del próximo año.