El féretro de Franco a su llegada al cementerio de Mingorrubio. | SUSANA VERA

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Sin honores militares y en una ceremonia sobria pero llena de simbolismo, los restos de Francisco Franco han abandonado el Valle de los Caídos, el monumento de la dictadura en el que fueron enterrados hace 44 años, y descansan ya en el cementerio de El Pardo-Mingorrubio, junto a su esposa, Carmen Polo.

La exhumación de Franco del Valle de los Caídos, un mausoleo edificado por presos del franquismo y en el que están enterrados más de 30.000 víctimas de la Guerra Civil de ambos bandos, era un objetivo que se marcó el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, nada más llegar al Palacio de la Moncloa.

Tras más de un año de trámites administrativos, de obligadas reformas legislativas en el Parlamento y de una dura batalla con la familia en los tribunales, Franco reposa en un panteón discreto y sin acceso al público, propiedad de Patrimonio del Estado pero en el que ya no podrá recibir más homenajes.

Exhumation of late Spanish dictator Francisco Franco

El dispositivo diseñado por el Ministerio de la Presidencia y en el que también se han visto involucrados Patrimonio Nacional, Policía, Guardia Civil y las Fuerzas Armadas, se activaba a primera hora de la mañana en la basílica de Cuelgamuros.

Una veintena de familiares del dictador, entre nietos y bisnietos, entre ellos la actual duquesa de Franco, Carmen Martínez-Bordiú, y su hijo Luis Alfonso de Borbón, han asistido a la extracción del féretro, protegido desde 1975 bajo una losa de mármol de 1.500 kilos.

Sin cámaras de televisión ni teléfonos móviles, requisados a la entrada de la basílica, la apertura de la fosa se ha llevado a cabo con los operarios imprescindibles y en presencia de dos nietos, Cristóbal y Merry, un forense y la ministra de Justicia, Dolores Delgado, que levantaba acta como Notaria Mayor del Reino.

El Gobierno ha accedido a que el ataúd fuera portado hasta el exterior de la basílica por sus familiares pero no a que fuera cubierto por una bandera preconstitucional como pretendía su nieto Francis Franco.

La familia abandona el cementerio de Mingorrubio tras enterrar a Franco

Sobre el deteriorado féretro original de madera y zinc -la familia no ha permitido que se cambiara- la familia ha colocado un pendón con el escudo que empleaba Franco como Jefe del Estado, así como una corona de flores con la enseña nacional y la leyenda «Tu familia».
Por deseo de los Franco, el prior del Valle de los Caídos, Santiago Cantera, quien se ha opuesto en todo momento a su traslado, ha rezado un responso y ha bendecido los restos en el momento en que se introducían en el coche fúnebre.

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Allí, en la explanada de Cuelgamuros donde se enterró al dictador el 23 noviembre de 1975, totalmente blindada por las Fuerzas de Seguridad, se ha vuelto a escuchar 44 años después un solitario «Viva España, viva Franco», secundado por los familiares.

Después, y tal y como estaba previsto si el tiempo lo permitía, el transporte del féretro hasta Mingorrubio se ha realizado en un helicóptero militar Superpuma, de los empleados habitualmente para el transporte de personalidades.

En Mingorrubio, un pequeño barrio cercano al Palacio de El Pardo, lugar de residencia del dictador y a unos quince kilómetros del centro de Madrid, se habían ido congregando desde primera hora de la mañana nostálgicos del franquismo, entre ellos el exteniente coronel Antonio Tejero, condenado por el 23F, aclamado a su llegada.

La Delegación del Gobierno había prohibido dos concentraciones junto al cementerio, una de ellas convocada por la Fundación Francisco Franco, ante el peligro de que pudieran registrarse alteraciones del orden público, aunque posteriormente el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha levantado esa prohibición. Pese a ello, no se han producido incidentes de importancia aunque sí muchos vivas a Franco, cánticos del «Cara al Sol», brazos en alto y exhibición constante de banderas franquistas.

Tal y como ha sucedido en el Valle de los Caídos, la ceremonia de inhumación, oficiada por uno de los hijos de Tejero, se ha celebrado sin medios de comunicación, en la intimidad familiar y esta vez sí, con el féretro cubierto con la enseña preconstitucional con la que fue enterrado en 1975.

La familia no ha dudado en tachar el traslado de un «impúdico circo mediático» con el que el Gobierno solo ha buscado «propaganda y rédito electoral».
A las críticas se sumaban también los partidos de la oposición. El líder del PP, Pablo Casado, ha acusado al Gobierno de intentar tapar con la exhumación los malos datos de la Encuesta de Población Activa.

Albert Rivera, de Ciudadanos, ha asegurado que el día histórico fue cuando se aprobó la Constitución y se pasó página al franquismo y Santiago Abascal, de Vox, ha calificado de «show electoral y necrófago» el traslado de los restos del dictador.
Justo lo contrario de lo que opina el principal impulsor de la exhumación, Pedro Sánchez, que cree que con este gesto «España cumple consigo misma».

En una declaración institucional en Moncloa, Sánchez ha subrayado que se pone fin a una «afrenta moral» y a un «agravio» para la democracia y se da «un paso más» hacia la reconciliación. Una reconciliación que el Ejecutivo quiere que sea la idea central de un nuevo Valle de los Caídos sin Franco. Un espacio para la memoria en el que se dignifique por igual a todas las víctimas de la Guerra Civil.