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La cafetería del Congreso de los Diputados ha actualizado los precios de las bebidas alcohólicas a lo que cobran en la calle y desde hace unas semanas los «gin-tonics» han doblado su precio, de los 3,50 euros que costaban a los siete euros que valen ahora. Eso sí, siempre que sea con la ginebra más barata.

Porque si se quiere una ginebra «más de moda» o de importación «hay que cotizarse» hasta nueve euros. Vaya, casi como en cualquiera de los bares que rodean la Cámara.

Son unos precios que han reventado el IPC del año pasado, que cerró al 0,2 por ciento, pero no son ninguna sorpresa ya que hace más de seis meses y a propuesta del presidente del Congreso, Jesús Posada, se excluyeron de la lista de precios tasados de las cafeterías «parlamentarias» las bebidas alcohólicas de alta graduación.

Y se dejó a criterio del adjudicatario del servicio la fijación de precios. Dicho y hecho. Eurets, que ha sustituido a Arturo en la gestión de las cafeterías y restaurantes de la Cámara, cobra lo que le parece por las copas y eso puede llegar hasta los nueve euros.

Fue la presión de los diputados, espoleados por las críticas de la opinión pública, lo que llevó al Congreso a «desproteger» los precios de la bebidas espirituosas. Querían salvaguardar su reputación cuando precisamente son los que menos se dejan ver con un «gin-tonic» en la mano.

En cambio, apenas han subido los precios de otras bebidas o viandas que se pueden degustar en la Cámara y uno se puede tomar un café a 85 céntimos o desayunar unas estupendas porras por poco más de un euro.

Por el menú del día en el autoservicio hay que pagar nueve euros, pero sí se prefiere comer en el restaurante, con mantel y servilleta, el menú ya se pone en 13,40 euros. A precio de calle, como los «gintonics».