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El progresivo incremento que históricamente ha experimentado la esperanza de vida al nacer de los españoles se convirtió en un pequeño retroceso en el año 2012, cuando, «por primera vez en la historia», la edad límite estimada fue inferior a la calculada en el año precedente, conforme recoge la Memoria Socioeconómica y Laboral 2012 del Consejo Económico y Social (CES).

En concreto, indica, con datos de Eurostat, que la esperanza de vida para los hombres en España fue de 79,16 años en 2011 y de 79,01 años en 2012, y, para las mujeres, la estimación pasó de 84,97 años a 84,72. Según afirma, el descenso, «aunque leve», es el primero de la serie histórica.

No en vano, en 1976 se calculaba que los hombres vivían hasta los 70,7 años y las mujeres hasta cumplir los 76,6 y aunque en 1998 se redujeron levemente las previsiones para ellas (de 82 años a 81,5) hasta ahora no se había dado este fenómeno simultáneamente en ambos sexos y nunca en el caso de los hombres.

Con todo, la esperanza de vida al nacer sigue siendo, según el CES «un indicador especialmente positivo para España» ya que con sus 79 años para los hombres y sus 84,7 para las mujeres se sitúa «bastante por encima del promedio de la UE-27», donde se calcula la vida hasta los 76,7 años entre los varones y hasta los 82,5, entre las féminas.

Asimismo, recuerda la «importante dispersión» de estos indicadores en función de las «distintas características socioeconómicas de los individuos» que encierran «las diferencias en que se traducen las desigualdades interterritoriales».

El CES destaca que estos cambios demográficos se están agudizando e implican «importantes consecuencias económicas y sociales a medio y largo plazo» y describe una tendencia que «sigue siendo el envejecimiento de la población, una natalidad que ha acelerado su descenso en el contexto de la crisis al igual que lo que parece ser un cambio de signo de los flujos migratorios».

Por otro lado, el informe recoge que «la consabida ventaja de las mujeres en duración de la vida se contrarresta en términos de su calidad, pues la autonomía personal difiere mucho a partir de las edades más avanzadas», cuando las mujeres se ven más afectadas por dependencias funcionales.

Así, cita la Encuesta nacional de la Salud de 2012 para recordar que el porcentaje de personas entre 75 y 84 años que no tienen dependencia funcional es del 68,4% entre los hombres y del 52,8% entre las mujeres. Además, a partir de los 85, son el 23,8 por ciento de las mujeres las que no presentan estas dependencias frente al 35,2% de hombres que no las padecen.