Santiago Gracia junto a su Fiat Balilla del año 1938. | Juan Miguel Giménez

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Santiago Gracia no se considera un coleccionista de coches, pero tampoco deja escapar las oportunidades que le permiten adquirir uno nuevo. Éste es el caso de su Fiat Balilla 508 del año 1938, un automóvil antiguo y oxidado al que ha tenido que dedicar muchas horas de trabajo.

El mecánico y transportista de vehículos consiguió su coche a través de una chatarrería. Un conductor de su empresa acudió a un establecimiento de venta de chatarra cuando se percató de que estaban a punto de liquidar un modelo de automóvil que a su jefe le gustaría. «Mi trabajador me llamó por teléfono para decirme si me interesaba un Fiat Balilla. Le pedí que me enviara una fotografía y al verlo solo se me ocurrió decirle: ni se te ocurra dejarlo en el chatarrero, ya puedes empezar a traerlo». Ese mismo día del año 1995 Santiago ya tenía su coche y a partir de allí inició su proceso de restauración.

RESTAURACIÓN

La transformación del vehículo se llevó a cabo entre tres personas: Por un lado, el transportista utilizó sus conocimientos de mecánica para arreglar el motor; por otro, un amigo chapista se encargó de la carrocería y, por último, su mujer del interior del automóvil.

Este Fiat Balilla 508 cuenta con 3.145 mm de longitud, 995 cm³ de motor, y 20 CV a 3.800 rpm. Está compuesto por una caja de cambios de cuatro velocidades, cuatro asientos, cinco puertas y originalmente su velocidad máxima alcanzaba los 80 km/h. Actualmente el vehículo tiene su color original. Sin embargo, conseguirlo no fue tan fácil como puede parecer. «El color era el de ahora. Cuando me lo trajeron estaba todo oxidado, pero gracias a un rinconcito de la chapa que todavía no se había deteriorado pude pintarlo de su verdadero tono».

Otra de las curiosidades que nos explica el mecánico es que gracias a un documento que encontró en el interior del vehículo con el nombre de su propietario, pudo contactar con sus familiares para conseguir el número real de su matrícula.

Santiago nos comenta que utiliza su coche para hacer salidas con su Club de Alcañiz (Teruel), pero no para uso diario. «Dos veces al año este vehículo hace la vuelta a España junto con los del club».

No obstante, éste no es el único automóvil que posee. Otro Fiat Balilla del 32 y un Seat 1400B del 59 forman su pequeña colección de coches antiguos.