Ford Mustang. | Javier Temes

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Gabriel Fuster siempre quiso tener un Ford Mustang y hace siete años aprovechó la festividad de su santo para regalárselo. Lo adquirió en Palma en un taller que se dedica a la restauración de vehículo americanos. Se decidió por este coche por una cuestión de gusto, pues desde que era pequeño fue un enamorado de los coches americanos, sobre todo por sus líneas, sus largos morros y su estética, muy diferente a cualquier otro deportivo que hay en el mercado.

En cuanto a cómo se decidió a realizar la compra, Gabriel explica que aprovechó una oportunidad para hacerse con este Mustang de 1966. El vehículo está en perfecto estado, con todas sus pieza originales, y además es un coche con una mecánica muy sencilla; cualquiera que tenga unos mínimos conocimientos de mecánica –asegura su propietario– puede llevar su mantenimiento sin muchos problemas. Aunque puntualiza que a pesar de que algo sabe de mecánica, no se puede decir que sea un mecánico.

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Sobre sus prestaciones, Gabriel comenta que no lo utiliza todo lo que puede porque su trabajo le absorbe mucho tiempo, al ser autónomo, aunque lo utiliza con cierta asiduidad en primavera y otoño, ya que en verano no es aconsejable al no tener aire acondicionado y su color negro tampoco ayuda, ya que, como todo el mundo sabe, el negro atrapa el calor.

A Gabriel le gustaría tener algún coche más, pero de momento se tiene que conformar con este Mustang ya que la situación económica actual no le permite hacer nueva inversiones de este tipo, aunque no descarta en un futuro poder adquirir otro vehículo de similares características. Tiene claro que sería un americano deportivo como éste, una de las joyas de la marca y que tanto prestigio le ha dado al cabo de los años.