Imagen de una papelera a rebosar de basura, un hecho que aumenta la percepción de ciudad sucia. | Jaume Morey

El Ajuntament de Palma, a través de área de Medi Ambient, estudia cambiar la ordenanza municipal, y está redactando una nueva, con objeto de limitar el uso de envases no retornables que, a juicio de los responsables de la limpieza del municipio, son una de la causas de la «sensación de suciedad» que hay en Palma. Para ello, según confirmó el regidor de Medi Ambient y presidente de Emaya, Ramon Perpinyà, se están manteniendo conversaciones con el sector de los restauradores, especialmente con aquellos que ofrecen comida para llevar (take away) ya que sus envases, especialmente en las zonas más turísticas, suelen aparecer tirados por los suelos y en las papeleras o contenedores.

El proyecto está en la fase inicial, pero desde el Ajuntament se plantean varias opciones o modelos, desde obligar a los establecimientos de comida rápida a que se hagan responsables de los envases en los alrededores una vez que el cliente ha consumido, hasta obligarles a usar envases que sean retornables. Con esta segunda opción, asegura el regidor, el establecimiento puede cobrar una cantidad pequeña, una especie de señal, por el envase que se abonará al cliente cuando este lo devuelva.

El objetivo final de la iniciativa es, a la larga, suprimir el uso de los envases no retornables y eliminar de esa forma una cantidad considerable de desechos que, en muchas ocasiones, no acaba en los contenedores que toca. En este sentido Perpinyà asegura que el problema se detecta, especialmente, en las ya citadas zonas turísticas, como el centro de Ciutat o la Platja de Palma, y en los alrededores de conocidos e internacionales establecimientos de comida rápida y, aunque es consciente de la dificultad de cambiar su sistema de funcionamiento, destaca la necesidad de regular el uso de estos envases para garantizar una limpieza óptima del municipio.

El regidor destaca que ya no es un problema del numero de papeleras ya que, en su opinión,    «poner más unidades ya no tiene mucho sentido» sino que se trata de un tema de civismo, «tenemos que acostumbrar a los clientes de estos establecimientos de comida rápida a que no dejen los restos en cualquier lado», y conseguir el compromiso de los restaurantes «que se tienen que responsabilizar de los envases en su entorno y, si no lo hacen, aceptar el cambio del sistema de envases».