El local en el que se ubica la joyería tiene apenas 15 metros cuadrados. El lunes entregará la llave y cerrará la persiana para siempre. | Jaume Morey

Una deuda de solo 100 euros ha motivado el desahucio de Catia Bonnín, propietaria de Joies Cande, en Jaume II. Se acaban así de un plumazo 33 años de historia comercial en esa céntrica calle de Palma. El edificio entero queda totalmente desalojado y cuenta con un nuevo propietario que ya está pensando en rehabilitarlo, aunque se desconoce su nueva finalidad. Bonnín es una comerciante que disfrutaba de una renta antigua en el Casc Antic: «Pagaba un alquiler de 190 euros». Todo esto por un local de apenas 15 metros cuadrados que carece incluso de baño. La pandemia arrasó con este pequeño negocio, que vio como sus ingresos se quedaban a cero.

«Conozco al propietario de toda la vida y nunca hubo ni un problema. Siempre se portaron muy bien conmigo. Incluso en la pandemia me permitieron ir pagando a medida que iba ingresando. Y ahí estuvo el problema: un mes no podía pagarles y al otro, les pagaba un mes y medio a través de cajero». Bonnín reconoce que «no llevaba la cuenta y le pedí a la abogada del propietario que me dijera si tenía alguna cantidad pendiente. Me dijo que no me preocupara, ‘en breve tendrá noticias nuestras’». Y entonces llegó la carta en la que le anunciaban el desahucio por impago de una deuda de 100 euros y todo esto seguido de la venta del edificio a otra empresa.

La nueva propietaria es Wellnes Market Traders, que está vinculada a la empresa Perfumes Club. «Tengo que entregar las llaves el lunes y soy la última inquilina del edificio», dice Bonnín.La entidad bancaria con la que compartía bajos se fue hace un año y los residentes en las viviendas superiores se han marchado a lo largo de los últimos meses. Bonnín pertenece a una saga de joyeros que tenían comercios en la calle Argenteria. Hace 33 años abrió este negocio gracias al impulso de su padre, que tenía Joyas Cande en esa misma calle y que al final terminó cerrando.

Bonnín se ve en la calle con 61 años y aún le quedan seis más hasta que pueda jubilarse. Teme al futuro, pese a la indemnización de 10.000 euros que le ofrecen. Por suerte, ha podido encontrar una solución: este lunes entrega las llaves y se traslada a Gabriel VivesJoies, en la Costa de saPols, donde compartirá tienda con Biel Vives. «Nunca le estaré suficientemente agradecida», confiesa.

Liquidación

En los últimos días de su tienda está aplicando rebajas para ir liquidando género. En sus estantes reposan perlas de Orquídea y joyas antiguas de hasta 120 años de antigüedad. «Las ceden personas que no tienen herederos, no les gustan las piezas antiguas o cuyas hijas o nietas no las quieren llevar. Apenas quedan cordoncillos, cadenas de granet o botón mallorquín. La verdad es que lo mismo se venden cuadros que canteranos. Las familias de toda la vida se están desprendiendo de las joyas familiares. Estamos vendiendo nuestro patrimonio», dice con cierta pena.