Una clase de matemáticas en la escuela pública. | Angie Ramón

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El gobierno saharaui impulsa la educación como arma de guerra. Los colegios del desierto se llenan cada mañana de niños y niñas sonrientes. Corretean por el amplio patio interior decorado con gratifis y símbolos de la causa. Una bandera ondeada aparece en cada escuela pública como emblema de educación, uno de los pilares fundamentales del pueblo. La 'wilaya' (provincia) de Auserd tiene colegios, guarderías e institutos. Se imparten las asignaturas básicas, como lenguas, matemáticas e historia. Acuden a clase de lunes a sábado desde las ocho de la mañana. Son aulas mixtas pero en el recreo las niñas juegan con niñas y los niños entre ellos.

Cuando un extranjero visita un colegio, los alumnos, en sintonía, lo reciben con un 'hola' efusivo. Te piden que le des la mano y te ofrecen una sonrisa muy risueña. La República Árabe Saharaui Democrática (RASD) garantiza la educación obligatoria desde sus inicios. La enseñanza es la política que ha aplicado en los campamentos el Frente Polisario.

Un grupo de niñas durante el recreo en un colegio público de la provincia de Auserd
Un grupo de niñas durante el recreo en un colegio público de la provincia de Auserd.

Centros de educación especial

Auserd cuenta con dos centros de educación especial para menores a partir de 4 años. El resto de 'wilayas' también tienen varias escuelas para niños que presentan alguna discapacidad psíquica y visual. La doctora Jamila Brahim abre las puertas de uno de los centros que dirige en Auserd. Este proyecto educativo ha sido posible gracias a la colaboración de una organización francesa que ayudó económicamente a construir el centro en el año 2000. Pero también reciben ayuda de organizaciones en el País Vasco, de la Comunidad Valenciana y de Cruz Roja España a través de caravanas repletas de material y productos básicos de higiene y alimentación.

La entrada de uno de los dos centros de educación especial en Auserd
La entrada de uno de los dos centros de educación especial en Auserd.

Este pequeño centro de educación especial cuenta con 30 niños y jóvenes y 12 maestras. Realizan talleres varios, hacen fisioterapia y reciben dos comidas al día. Aquí los diagnósticos se reparten entre autismo, discapacidad moderada, discapacidad profunda y discapacidad leve.