Una de las medidas que se aplican en invierno para prevenir los incendios del verano son las quemas controladas (imagen superior), que eliminan vegetación que puede ser combustible cuando las temperaturas son más altas.

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El presente año 2022 será recordado en Balears por los récords de ocupación turística, las sensaciones de ocupación y masificación, y las temperaturas extremas en verano. Guardando una relación con este último aspecto, 2022 presenta en las Islas un dato indudablemente positivo. A día de hoy, es el año con menor superficie quemada por incendios forestales desde que se tienen registros. Sólo 10,56 hectáreas se han visto afectadas por el fuego en el conjunto de las Islas.

La relación con la meteorología del verano radica en que, precisamente en un estío que ha sido el más cálido desde que hay registros, la superficie que ha sufrido incendios forestales es la menor en la historia estadística de los siniestros de este tipo, remontándonos a los años 70 del pasado siglo. Cabe destacar que, precisamente el pasado verano, los grandes incendios han sido protagonistas en la Península, Europa y el resto del mundo. Balears se ha visto a salvo de estas catástrofes naturales que a menudo incluyen la pérdida de vidas humanas.

La Conselleria de Medi Ambient i Territori, responsable de la prevención y extinción de los incendios a través del Institut Balear de la Natura (Ibanat) y del Servei de Gestió Forestal, siempre se muestra cauta y nunca quiere «echar las campanas al vuelo» con los buenos datos en este aspecto. En cualquier caso, los atribuye a una mayor concienciación ciudadana a la hora de evitar riesgos (por ejemplo, no tirar colillas o no hacer fuego en espacios forestales o en sus proximidades), las actuaciones de prevención (respondiendo al lema de «los incendios se evitan en invierno») y la efectividad de los servicios de extinción, cada vez más rápidos a la hora de actuar ante cualquier indicio.

Observando la estadística de las dos últimas décadas, sólo en 2018, 2008 y 2014, por este orden, se registraron unos datos positivos que se acercaron a los de este año. En 2018 se quemaron 27,3 hectáreas; en 2008, 45 hectáreas; y en 2014 fueron 64,4 hectáreas. Por poner el ejemplo más inmediato, en 2021 ardieron 113 hectáreas. El resto de años, con grandes oscilaciones, superó las 100 hectáreas. En 2013 se quemaron 2.843 hectáreas, casi todas ellas correspondientes al gran incendio de Andratx. En 2011 se quemaron 2.341 hectáreas, de las que 1.443 correspondieron al incendio de Morna, en Eivissa.

El apunte

En el invierno también se producen siniestros

Siempre se tiene la idea de que los incendios forestales se dan en verano. En la última década, vemos que no es así. Aunque no son de grandes dimensiones, cabe recordar que el 27 de diciembre de 2017 se quemaron 79,5 hectáreas en Pollença. El 5 de diciembre de 2012 ardieron 75 hectáreas en Muro. El año pasado, el 6 de febrero se quemaron 49 hectáreas en Pollença. Y el 10 de febrero de 2016, el fuego afectó a 38 hectáreas en sa Pobla.