Imagen de archivo de una fuente pública. | Archivo.

Nueve de los 53 municipios de Mallorca no suministran a día de hoy agua apta para el consumo humano en todos sus núcleos de población, según las últimas analíticas recogidas por el Ministerio de Sanidad. Se trata de Ariany, Costitx, Felanitx, Manacor, Santa Margalida, Santanyí, Sencelles, Sineu y Vilafranca. Cinco de ellos (Ariany, Costitx, Santanyí, Sineu y Vilafranca) no suministran agua apta para el consumo humano en ninguna zona poblacional. Otros como Felanitx sirven agua apta en la zona este y en sa Punta pero no en el barrio oeste. El agua del grifo es apta para el consumo en Can Picafort, pero no en la Vila en Santa Margalida, según los datos que ofrece el Ministerio de Sanidad. Algo parecido ocurre en Sencelles y Manacor. Esta última ciudad ha convertido la potabilización del agua del grifo en un objetivo de legislatura.

El Ministerio de Sanidad controla el agua de consumo humano en toda España a través de una aplicación desarrollada en internet en la que se introducen los datos de cada municipio. Elabora anualmente el Informe sobre la Calidad del agua de consumo en España, incluido en el inventario de operaciones estadísticas de la Administración general del Estado y en el Plan Estadístico Nacional dependiente del Instituto Nacional de Estadística. Los controles de calidad del agua que se realizan a nivel nacional miden indicadores de temperatura, químicos, plaguicidas, sustancias radiactivas y radionucleidos. Las incidencias más frecuentes en España están relacionadas con alteraciones de la temperatura, alteraciones de parámetros microbiológicos (el 59,5 % de ellos por legionela) y alteraciones de parámetros químicos distintos (el 21,1 % corresponden a Uranio). No es el caso de Mallorca donde la alta presencia de nitritos es la principal causa de que el agua no sea apta para el consumo humano.

«La concentración de nitrato en aguas subterráneas y superficiales suele ser baja pero la cloraminación podría ocasionar la formación de nitritos en el sistema de distribución si no se controla debidamente la formación de cloramina», dice el estudio anual del ministerio. «El principal riesgo para la salud es la metahemoglobinemia en lactantes, que cursa con cianosis y, en concentraciones más altas, asfixia. También se ha relacionado con el cáncer gástrico, aunque no hay evidencia de la existencia de una asociación casual. Esto es consistente con la conclusión de la IARC que ha clasificado la ingesta de nitratos y nitritos en condiciones que resulten en mitrosación endógena en el grupo 2A (probablemente cancerígeno para el ser humano). Tampoco se ha demostrado asociación entre los niveles altos de nitrato y las malformaciones genéticas», dice el estudio anual del ministerio. El nivel máximo de nitritos permitido en agua para el consumo humano es de 50 mg/l. Algunas zonas de Manacor superan los 100,7mg/l.

En Santanyí, además de los nitratos, están por encima de los valores máximos permitidos los niveles de conductividad, cloruro y sodio. Este último llega a alcanzar una concentración de más de 1.600 mg/l cuando el nivel máximo permitido es de 200 mg/l pero según el informe del Ministerio la OMS no ha propuesto valores de referencia de sodio en el agua de consumo. El sodio está presente en la práctica totalidad de los alimentos, siendo esta la principal vía de exposición y no se pueden extraer conclusiones firmes en relación con la posible asociación entre el sodio en el agua de consumo y la aparición de la hipertensión. No obstante el estudio de calidad del agua advierte de que «concentraciones superiores a 200 mg/l pueden causar un sabor inaceptable».

Algo parecido ocurre con el cloruro. La presencia de cloruro en agua de consumo responde habitualmente a causas naturales, efluentes industriales e intrusión marina, entre otros. Unos niveles excesivos de cloruro incrementan la corrosión de los metales en las tuberías dependiendo de la alcalinidad del agua. Como en el caso del sodio la OMS no ha propuesto valores de referencia de cloruro en el agua de consumo desde el punto de vista sanitario pero los expertos advierten de que «concentraciones superiores a 250 mg/l pueden llegar a causar un sabor detectable».

Si hablamos de la conductividad, este es «uno de los indicadores más sensibles para detectar posibles contaminaciones externas en la red de distribución, comparando la conductividad en distintos puntos de la red; para conocer el buen mantenimiento de una instalación interior, comparando la conductividad en la acometida y en el grifo del consumidor; y para comprobar si tras la limpieza de membranas de ósmosis inversa o nanofiltración se han eliminado por completo las sustancias de limpieza antes de ponerlas en la línea, comparando la conductividad a la entrada y salida del contenedor», indica el informe anual del ministerio se sanidad.