Tolo Cañellas, María José Alou y Juan Luis Sánchez, en la ambulancia del 061. | Laura Becerra

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En la noche estival de Punta Ballena, de hace 20 años, se oía hablar en mallorquín. Había turistas, había alcohol, también había drogas, pero el residente local salía con la misma normalidad y precaución que por cualquier otro lugar de ocio nocturno de la Isla y podía pasarlo bien en el Junior’s al son, todavía, de alguna canción de Los Inhumanos. Hace una semana un equipo de Ultima Hora acompañó a la ambulancia del 061 en una noche de guardia en el que se ha convertido en el punto más caliente del turismo de borrachera de Baleares. «No os mezcléis», fueron las primeras instrucciones de los sanitarios. «Quedaos lejos para hacer fotos porque cualquier cosa les provoca y la cámara puede ser un detonante. Podéis meteros en líos y nosotros no os podremos ayudar porque estaremos atendiendo una Urgencia».

¿Más aspectos a tener en cuenta? Pues que las peores horas son de la una a las cuatro de la madrugada y que el turista que va a Magaluf es agresivo y no respeta. Y a ellos, ¿les han pegado alguna vez? «A todos. O los hemos esquivado o nos han amenazado», cuentan. «Tú a un alemán le dices: ‘cállate y siéntate aquí’ y se calla y se sienta, pero un inglés siempre te quiere pegar. Son bordes todos. Bueno, todos los que vienen a desmadrarse», explica Tolo Cañellas, técnico de emergencias sanitarias.

Cada día están viendo intoxicaciones o agresiones. «Hemos detectado a una banda de mujeres que, como si ejercieran la prostitución, captan a posibles clientes, la mayoría muy borrachos o mayores. Los llevan a un callejón, les dan una paliza y les roban, cuidado con eso». Quien da las instrucciones básicas es Juan Luís Sánchez, el médico de Urgencias del SAMU 061 que está de guardia. Horas después, tras pasar la medianoche, avisará de que la Guardia Civil las ha interceptado en dos coches, en la rotonda de entrada y «puede que hoy no las veáis en la zona».

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Las fuerzas de seguridad vigilan la zona durante las noches.

Los sanitarios se desplazan en una ambulancia avanzada de soporte básico vital, una especie de hospital sobre ruedas, que tiene su base en el centro de salud de Palmanova. Allí hay unas dependencias con literas para el descanso en las guardias, como las que salen en las series de hospitales. Desde la central telefónica, ubicada en Can Valero, les van dando instrucciones de dónde tienen que ir y con qué se van a encontrar. Allí deciden, por ejemplo, qué se prioriza en un caso de solapes en el servicio. Su ambulancia está equipada para las salidas más serias. Los casos leves suelen atenderse con un vehículo de intervención rápida.

El plus del verano

Es domingo y parece que será un día tranquilo pero lo primero que cuentan es que «aquí no existe el fin de semana. Aquí se viene de fiesta y salen a muerte todos los días». Y eso es precisamente lo que les pasó por la mañana, unas horas antes. Su turno empezaba a las 8 y la primera salida fue un chico, de unos 17 años, con convulsiones. Tenía un ataque de epilepsia. «Por su patología tendría que dormir ocho horas, no beber alcohol, porque no puede mezclarlo con la medicación… Pero casi todos los epilépticos vienen aquí, dejan las pastillas, salen de fiesta, no duermen y les dan ataques. Éste llegó ayer», explica el doctor Sánchez. En su primer día de vacaciones, el joven turista ya necesitó ser atendido por el 061.

La jornada prosiguió con golpes de calor. Normalmente afectan a personas mayores pero «también hay jóvenes deportistas que salen a mediodía a correr, o en bici. En plena ola de calor», lamenta el experto. «Es gente que no cumple ninguna medida para protegerse a sí mismo y al final se producen lesiones de riesgo», añade. A su lado, María José Alou, enfermera, explica que «hoy ya hemos ido cuatro veces a Peguera y una a Andratx. Ha sido un día normal».

En verano su labor habitual para con los residentes de la zona de Calvià se ve desbordada por el exceso de Magaluf. «Vemos infartos a domicilio, accidentes de tráfico… y aparte tenemos la sobrecarga de esta zona por drogas, alcohol, precipitados, agresiones… Igual estás en un domicilio viendo a un abuelito que se ha puesto malo y luego te vas a ver a los 20 que se están pegando por allí», el facultativo señala al horizonte donde se intuyen las luces de neón.

Y eso es una espina que llevan clavada en este servicio porque «¿Y si te llaman para el abuelito cuando tú estás con un borracho?», reclama Tolo Cañellas. Calculan que el 80 % de las urgencias que están atendiendo en verano son turistas. «Esto significa que le damos menos calidad asistencial a quien está pagando los impuestos para tener una sanidad pública», critican. «Es el problema que tenemos. Quieres cubrir a la población pero luego tienes la sobrecarga de esa zona. Hay noches que estamos ahí cuatro y cinco ambulancias, pero le pasa lo mismo a la policía. Te pueden estar robando en casa y todos los recursos de la zona están en Magaluf», lamenta el médico.

Con más ansia

El doctor Sánchez incide en que se está sobrepasando el sistema público. «De los extranjeros sólo pagan los cuatro que tienen seguro», señala. «Tú te vas fuera y tienes un problema, y te atienden en un hospital pero no sales de ahí sin pagar la factura. Aquí el personal te atiende y, si luego piden el alta voluntaria, peléate con él. El personal sanitario no está para eso y no hay un mecanismo para conseguir facturarlo en condiciones reales. Al final es insostenible», lamenta.

Y este año llueve sobre mojado. Durante los meses de abril y mayo se han dado las coberturas típicas del pleno verano y la sensación es de que no se toca techo. «Vamos con los números muy adelantados», advierten. Pero además de la afluencia ha cambiado la actitud. «La gente viene con muchas ganas de fiesta pero sin control ninguno. El que no ha tomado drogas las toma todas juntas el mismo día y es un desastre», relata el doctor Sánchez. «Hemos notado que, si antes se atrevían a un poquito más de riesgo, ahora van con todo, no hay freno. Cuando te cuentan qué han hecho te llevas las manos a la cabeza», añade.

Intercambio de información

Los servicios sanitarios de Magaluf, así como los de Eivissa, son los primeros en detectar cuándo se introduce una nueva droga en el mercado. «No sé por dónde pero aquí llega toda», reconoce el sanitario. «El problema es que cuando sale algo nuevo, aunque compartimos la información, nadie sabe cómo tratar al paciente o qué efectos secundarios va a tener», relata. «La mayoría de las drogas no tienen un antídoto y nosotros no sabemos lo que llevan. Pero ni nosotros, ni el que se la ha tomado, ni el que se la ha vendido… Así que te toca parchear para mantenerlo vivo», añade. ¿Otro efecto de la pandemia? No sólo hay más disposición a tomarlas, quienes las venden «tienen los almacenes llenos», señala. Y es que, a su lado, ya lo advierte Tolo Cañellas: «Si estás dos días sin comer, coges la comida con más ansia, y esta gente lleva dos años sin salir…».

Y en este contexto se han vivido ya los primeros casos de balconing. Cada verano suele haber entre 20 y 30, explican. «Yo creo que vienen con predisposición porque en España la gente también se droga y bebe pero no se tira», opina Cañellas.

En su haber también destacan un alto y considerable incremento de los servicios a causa de intentos de suicidio. De hecho es lo que les depararía esa misma madrugada: una llamada a domicilio desde Peguera. Reconocen que este verano les da respeto porque «a estas alturas ya estamos colapsados». La central les va indicando qué hospital tiene un hueco si su paciente requiere ingreso y, en ocasiones, han tenido que llevarlos incluso hasta Manacor. «Cuando esto se satura es peligroso y es el miedo que nos da», avisan. Y es por todo así, las clínicas privadas también están llenas cuando no se ha cumplido ni la primera semana de verano, por lo que piden precaución porque: «este año viene muy duro».

El apunte

La imaginaria ‘reconversión’

En Magaluf la calle sigue siendo la misma. El proyecto de reconversión turística impulsado por Meliá Hotels International que inauguró un establecimiento de cinco estrellas no ha surtido efecto porque se ha quedado sólo y, con la fama de turismo de exceso de la zona, muchos se preguntan quién va a venir aquí pudiendo estar, por el mismo precio, en una zona más tranquila. «El que viene duerme de día y, si hace falta, en la playa», aseguran los sanitarios que conocen bien Punta Ballena. Respecto a los casos de balconing, muchos se encuentran con la luz del sol, horas después de haberse precipitado.