Ultima Hora ha entrevistado a la madre del joven mallorquín fallecido en la guerra de Ucrania. | Alejandro Sepúlveda

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–Buenos días, ¿crees que la guerra acabará pronto? Besos. Mamá.
–No.
La última vez que Dolores Martínez habló por Whatsapp con su hijo Ángel Adrover fue el 13 de junio a las 8.23 horas. Un día después volvió a escribirle para preguntarle si había novedades. Su hijo leyó el mensaje, pero ya no contestó. En la terraza de la vivienda de la mujer, en Portocolom, suenan las palabras de una madre abatida por la muerte de un hijo entremezcladas con el sonido de las cigarras. «Yo lo que quería era que viniera a casa de una vez», dice. Son las cinco de la tarde de este lunes y el calor aprieta.

La noticia se la dio su madre, la abuela de Ángel, el sábado pasado a mediodía cuando volvía de trabajar en Palma. «Fue horrible, horrible, recibir esta noticia. No sé cómo describirlo. Mucho dolor. He llorado dos días seguidos. No he salido de casa porque no quiero que me pare todo el pueblo». La madre de Ángel mira una fotografía de su hijo en un cráter causado por la explosión de una bomba y empuñando un fusil Kaláshnikov. «No me quiso decir nunca dónde estaba, sólo me habló de la base de Leópolis».

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Dolores sujeta la foto de la graduación de su hijo en la UPC de Barcelona. Fotos: Alejandro Sepúlveda
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Dolores Martínez supo que su hijo estaba en Ucrania por Masha, la madre holandesa de una amiga de Ángel. «Me escribió un día, a mediados de marzo, y me dijo que mi hijo había decidido ir a ayudar». A la mujer le extrañó que Ángel no se lo contara y supuso que era para que no se enfadara. En febrero viajó a Holanda para pasar una semana con su hijo. Coincidió con el estallido de la guerra. «Estuvimos mirando las noticias del Donbás. Yo veía que estaba muy interesado en el conflicto, pero era una persona extremadamente implicada, solidaria y altruista, no le di mayor importancia. No pensé que iría a la guerra».

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Una carta dedicada por Ángel.
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Dolores observa una vitrina con libros y gorras de su hijo en su casa en Portocolom.

El 9 de mayo, Ángel escribió a su madre: «Estoy bien, mamá, estamos en segunda línea de fuego». Pero no le dijo dónde. No les dejaban filtrar información de sus posiciones porque los rusos les podían descubrir. «Sólo sé lo de Leópolis porque hubo un atentado y me lo contó». El mallorquín enviaba a su madre fotografías suyas en la contienda, casas derruidas por misiles y vídeos de bombas cayendo a poca distancia. «Cuando hubo el ataque de Leópolis me contactó porque se había asustado mucho. Me escribió que estaba de guardia y que les habían bombardeado. Me contó que habían muerto 138 personas y que hubo 48 heridos. No les dejaban enviar fotos».

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Algunos objetos de carácter bélico que coleccionaba en su casa Ángel Adrover.

Las circunstancias del fallecimiento todavía se investigan. «Creo que murió en el hospital tras un ataque. Me dijeron que lo estuvieron operando durante horas y que a las siete de la mañana del día 18 murió». El soldado mallorquín tenía ganas de enseñar la Isla a su novia ucraniana y así se lo hizo saber a su madre el 12 de junio.
–Mamá, he conocido a una chica ucraniana y quizá después de la guerra pasaremos un tiempo en Mallorca.
Días después de la muerte de Ángel, la guerra sigue.