Francisco, junto a su madre, Francisca, de 92 años de edad, en su domicilio en Palma. | Pilar Pellicer

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Francisco Tur tiene 57 años, una discapacidad psíquica y vive con su madre, Francisca Riera, de 92. Él trabaja desde hace unos años en una lavandería. Su vida cambió a mejor hace diez años, cuando en el SEPE, donde acudía para buscar trabajo, le ofrecieron la posibilidad de solicitar ayuda en el servicio de Apoyo a la Vivienda, de la Fundación Esment. A Francisco, o Paco para los amigos, le visita en casa un equipo de Esment. Su idea es que pueda mejorar sus habilidades y ser lo más autónomo posible. El objetivo de este programa es reducir la lista de espera en los centros residenciales y que ellos mismos puedan trabajar desde sus domicilios. «A nivel administrativo, esto da un respiro a la saturación de los recursos públicos», explica Carla Díaz, educadora social que acompaña a Francisco.

«Mi vida ha mejorado. Por ejemplo, tengo más relaciones sociales que antes y ahora consigo solucionar problemas laborales», cuenta Francisco. Con su educadora social hacen un poco de todo, desde aprender las tareas del hogar, pasear, hacer excursiones con miembros de Esment o cuestiones administrativas. La discapacidad de Francisco no le impide ser autónomo en muchos aspectos de su vida. Incluso dice que, con los años, «he notado que he mejorado en muchas cosas que antes no hacía, como ir al cine con amigos». «Paco pudo entrar en este servicio porque se le detectaron dificultades. Podría vivir solo, pero, porque vive con su madre, quisimos combinar este servicio y le va muy bien», explica la educadora social. En este sentido, considera que este usuario «es muy autónomo» pero se enfoca con él en el aspecto social y en el aspecto del sobrepeso. Con ello, «intentamos que cumpla unas pautas alimentarias y ejercicio para que pueda mejorar».

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Paco aprende a realizar las tareas diarias del hogar, como hacer la cama. En la imagen, junto a Alejandra Verger.

Convivencia

Francisco Tur vive con su madre Francisca en un domicilio de Palma. La mujer nonagenaria forma parte del programa Esment Mayores desde hace tan solo un año. Este servicio va enfocado a personas mayores de 65 años –o 55 años siempre que cumplan una serie de patologías o circunstancias personales– que necesiten una mano para afrontar gestiones del día a día en cualquier ámbito de la vida. Alejandra Verger es técnico social y atiende, en este caso, a Francisca. Con ella realiza, sobre todo, tareas administrativas y citas médicas. La mujer tiene dos hijos mayores y es viuda. Pasó una temporada en Ibiza junto a su marido, pero cuando falleció ella regresó a Mallorca a vivir con su hijo Paco. Reconoce que la ayuda que le ofrece Alejandra es importante para ella: «Me lleva al médico y vamos a hacer la compra. Recomiendo el servicio a cualquier persona que lo necesite», asegura. Sobre su hijo Francisco, lo describe como «un hombre muy curioso y espabilado. Cuando no tenía a esta niña [se refiere a la técnico social Alejandra Verger] él también me acompañaba al médico e intentaba ayudarme con todo lo que podía». Estos servicios duran años para que una persona adquiera habilidades «y dependerá también de cada caso», expresan las trabajadoras. Su papel principal parte de una valoración previa a la persona beneficiaria del programa a fin de conocerla bien y observar cuáles son sus necesidades. A partir de ahí, a mejorar.