El presidente de la SEAIC, el doctor Antonio Valero.

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Antonio Valero preside desde 2018 la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), que este viernes celebra la sexta edición de Alergomenorca. Una cita que reunirá a medio centenar de especialistas en la comunidad que lidera la falta de alergólogos por población a nivel nacional, lo que insisten en definir como «una anomalía histórica».

¿Cuántos especialistas debería haber según la población que se atiende?
— La Organización Mundial de la Salut (OMS), ya hace más de 15 o 20 años, dijo que en los países industrializados debería haber uno por cada 50.000 personas. España, donde el reparto es muy heterogéneo, tiene 1,58 de media por cada 100.000, es decir, no llegamos a los 2 necesarios. Quienes van peor son las comunidades de Andalucía, Aragón, Asturias y Catalunya, que rondan el 1 por 100.000. En Balears hay una persona para toda la población, una para más de un millón de personas. Por comparar, en Canarias, hay 30.

¿Qué consecuencias puede tener no contar con un servicio público de alergología?
— Uno de cada cuatro ciudadanos sufre, en algún momento de su vida, una enfermedad alérgica. Esto implica que la sanidad, que es competencia de las autonomías, tiene una falta de equidad y en Balears es en grado máximo porque quien tenga una alergia, debe tener dinero para pagarse la asistencia.    En este país no queremos lo que desconocemos y la especialidad se desconoce, no se sabe de qué es capaz un alergólogo y para qué está formado. Al final los pacientes deben estar dando vueltas en consultas de médicos de familia, dermatólogos, otorrinos, inmunólogos.... y la relación coste eficiencia es muy mala.

¿Pero hay especialistas?
— En Baleares una docena pero en clínicas privadas que están haciendo un buen negocio. La especialidad existe de hace 50 años y este año se han convocado 70 plazas en MIR para toda España. En Balears no se forma en alergología a los estudiantes de Medicina, no hay ni investigación ni formación. La SEIAC hace 10 años que trabaja en esto con la sociedad balear. En 2012 con el conseller de Salut, Martí Sansaloni, llegamos a cierto acuerdo pero perdieron las elecciones y se acabó. Desde entonces ha habido dejadez. Impulsamos una iniciativa en el Parlament que se aprobó por unanimidad y ya veremos qué pasa.

¿Cada vez más alergias?
— Cuando empecé a finales de los años 80, la prevalencia era de un 10 o 15 % y actualmente estamos en un 25. No se sabe por qué, pero sí que afecta más a los países industrializados y a las ciudades, frente al medio rural.

¿Se están confundiendo ahora las alergias con la COVID?
— La respiratoria es una rinitis alérgica y el 70 % tienen conjuntivitis y un 30 % asma asociada. El virus de la COVID ha mutado y también sus manifestaciones clínicas, cada vez se parece más a la rinitis alérgica. Ésta se asocia a la conjuntivitis, que es picor de ojos, y a estornudos en salvas, seguidos, que la COVID no da. Por contra, la alergia no da malestar, ni cefaleas, ni fiebre. Han subido las consultas, pero estamos capacitados para diferenciarlo.

¿Hubo problemas a la hora de suministrar la vacuna?
— Un estudio señaló que los alérgicos a fármacos y alimentos podían tener riesgo y para el mundo alergológico fue un problema gordo. En el resto de España los pacientes estaban estudiados y conocían sus riesgo, pero como en Balears no hubo una hecatombe de consultas.