El precio de la electricidad está disparado. | Gemma Andreu

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El precio de la electricidad y el gas se ha disparado un 88,3 por ciento en Baleares durante el último año, según los datos que ha publicado este miércoles el Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes a marzo de 2022. En conjunto, el IPC ha subido un 9,4 por ciento en marzo de 2022, respecto al mismo periodo del año; el elevado incremento del coste de la electricidad y el gas es en gran parte el responsable de la elevada inflación.

Sin embargo, no es el único ya que prácticamente todos los bienes de consumo han incrementado su valor. Destaca lo sucedido con el coste de la utilización de vehículos personales, que se ha encarecido un 22,8 por ciento en el último ejercicio. Le siguen los servicios financieros, que han aumentado los costes un 10,6 por ciento; y la cesta de la compra, que lo ha hecho un 6 por ciento. En el caso de las bebidas alcohólicas, cabe destacar que su precio ha subido un 4,3 por ciento en los últimos doce meses; mientas que las bebidas no alcohólicas lo han hecho un 3,7 por ciento. El tabaco, por su parte, ha subido un 3 por ciento.

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En el caso de la ropa, el encarecimiento ha sido moderado, de un 3 por ciento. Sin embargo, cabe precisar que la ropa de niño se ha abaratado un -3,2 por ciento; también ha bajado el precio de los complementos y la reparación de las prendas de vestir, cuyo precio ha bajado un -6,2 por ciento. Cabe destacar que por subgrupos, los únicos productos que se han abaratado en el último año son los servicios hospitalarios (-0,1 por ciento), de telefonía (-3,2 por ciento) y los paquetes turísticos (-1 por ciento).

Luis García Langa, director de Corredordefondos.com, ha manifestado que «el último dato de inflación viene a confirmar el grave problema que tenemos de subida de precios. Se está consolidando esta subida, aunque porcentualmente tiene que relajarse porque los datos porcentuales se comparan respecto al año anterior y a medida que avance el tiempo iremos comparando con meses en los que la inflación ya era alta. Por tanto, aunque veamos después cierta relajación nos habremos instalado en precios altos y no en salarios altos, no en tipos de interés para el ahorro sin riesgo alto». A su modo de ver, esto supone «un problema doble para las familias. Por una parte, pierden poder adquisitivo porque cada vez las cosas les cuestan más y los salarios no suben. Por otro, porque los ahorros si nos los arriesgan en inversiones de calidad y diversificadas cada vez valen menos».

En el caso de las empresas, Langa ha manifestado que también es un «problema porque es una inflación, sobre todo, por temas energéticos y aún no se ha repercutido del todo este coste energético a los clientes y a lo mejor no se puede repercutir nunca. Por lo tanto, son menos beneficios para las empresas, que si además tienen que subir salarios es un doble coste para ellas.