Jaime Far este miércoles. | Pere Bota

El exdirector de la Oficina de Prevenció i Lluita contra la Corrupció, Jaime Far, aseguró este miércoles que no inició ninguna actuación «sobre el bar de copas aquel» –se refería al Hat Bar, al que acudió una vez la presidenta Armengol y otros cargos durante el estado de alarma de 2020– porque «no parecía que tuviera relación con el uso de fondos públicos» y que    «no podemos convertirnos en vigilantes de todo» y ocuparse de «conflictos éticos». Far respondió así a una pregunta que le había formulado la diputada del PP Núria Riera durante una comparecencia ante el Parlament. Aunque Far ya no ocupa ningún cargo públicos (dimitió en enero) respondió al llamamiento de la Cámara a petición de ese partido que quería aclarar si el exdirector de la Oficina Anticorrupció recibió presiones del Govern durante el desempeño de su cargo y que si esas presiones fueron las que le llevaron a marcharse. Far lo nego. Dijo que «no tuve presiones políticas» pero que «es cierto que es un puesto incómodo y que debe saberlo cualquier persona que lo ocupe».

«No, no he recibido ninguna presión nunca. Las razones que me llevaron a no completar mi mandato fueron personales», dijo al inicio de una comparecencia en la que reivindicó el papel de la oficina (creada en la pasada legislatura) y negó que colisionara con otros organismos de control y, especialmente, con la Sindicatura de Comptes. Además del PP, también le preguntaron por sus relaciones con la Sindicatura desde Cs, PIy Vox. El PP no preguntó únicamente a Far por el episodio del bar Hat –que la diputada Núria Riera equiparó a «las fiestas de Boris Johnson», el primer ministro inglés– sino, también, por la vacunación de altos cargos que se saltaron el turno, la compra de mascarillas a China «con la mediación de un despacho socialista» y por las críticas de la Sindicatura de Comptes a la tramitación de algunos expedientes.

Críticas del PSIB al PP

Far no ocultó que este episodio fue el que menos le gustó y ante el que se sintió más incómodo. Sobre todo –precisó– porque no hay posibilidad de recurrir o argumentar. El diputado de Vox Sergio Rodríguez también tomó el camino que había marcado    Núria Riera que, oídas las respuestas de Far negando presiones, le reprochó que meses atrás hubiera insinuado lo contrario (es decir, la existencia de presiones) en una entrevista periodística. Far dijo que no se le interpretó bien y que su queja se refería sólo a la actuación del Síndic.

Riera continuó dando a entender que sí existieron presiones y eso provocó la réplica de la diputada socialista Pilar Carbonero. «Insistir en que hubo presiones cuando lo ha desmentido es una manera de presionar. Esto ya parece el Día de la Marmota, repitiendo una y otra vez lo mismo», aseguró la socialista. En esta línea se expresó también Pilar Costa, portavoz parlamentaria del PSIB, para quien    «ha sido impresentable la utilización torticera» de este asunto pero «ya hemos llegado al final de una película que solo estaba en la cabeza del PP». Para Josep Ferrà (Més per Mallorca) «todas las presiones han quedado desmentidas y los fantasmas han desaparecido». Patricia Guasp (Cs) se quedó con lo dicho por Far: que la labor de la Oficina Anticorrupció es «incómoda».