Joan Miralles posa para este diario en el marco de los jardines de Can Alcover, en Palma. | M. À. Cañellas

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Joan Miralles Plantalamor (Montuïri, 1976) ha dado un paso al frente presentando una candidatura para liderar la Obra Cultural Balear (OCB). El 24 de febrero se celebrará en Can Alcover la votación para elegir a la nueva junta.

¿Por qué se presenta?

—Siempre he sido muy sensible con todo lo que tiene que ver con la lengua y la cultura de Balears. Desde muy joven he estado ligado a Joves per la Llengua y he formado parte de la junta directiva y como voluntario de la OCB. Vivimos en una situación de emergencia lingüística y es preciso revertirla.

Cuente más sobre su pasado como activista por la lengua.

—Fui uno de los impulsores de la Coordinadora per la Llengua d’Alacant, donde todos los jóvenes podían participar para promocionarla en el campus que estudié. Allí hice de técnico en el Casal Jaume I –el equivalente a Can Alcover– organizando conferencias, conciertos y talleres. Impulsé la delegación de la OCB en Montuïri y estuve en la Assemblea de Docents luchando para que no hubiera un retroceso lingüístico como el que sufrimos durante el Govern de Bauzá. Hace dos años que soy miembro de la ponencia de actitudes lingüísticas del Consell Social de la Llengua Catalana. Son más de 20 años en esto, no aterrizo ahora.

¿Qué estrategia pondrá en marcha la nueva directiva para fortalecer la OCB?

—Hemos creado un equipo transversal con un proyecto común. El pilar básico es que la OCB sea la casa común de todo el mundo, independientemente de su afiliación política, asociativa y lugar de origen.

Afirma que el catalán está en peligro. ¿Qué hará la nueva junta para revertir esta situación?

—Como pasa con el cambio climático, si no actuamos ahora, después puede ser demasiado tarde. Ya avanzamos que apoyaremos el Correllengua, que implicará crear sinergias con todo el tejido social de Balears. Todas las delegaciones territoriales se deben fortalecer. Queremos crear estructuras que permitan una mayor participación de los socios, siempre y cuando la pandemia lo permita. Continuaremos reclamando a la ciudadanía y la Administración un mayor compromiso con la lengua que piense en el futuro, gobierne quien gobierne. Hay que trabajar las actitudes lingüísticas para que la gente que tenga conocimientos de catalán, lo use.

Defiende una organización más transversal y centrada en Balears. ¿La significación de la OCB con la causa independentista catalana ha alejado a muchos socios y simpatizantes?

—El ‘procés’ hizo que todo el mundo se tuviera que posicionar y ahora es momento de sumar. Hay que transmitir a la ciudadanía que si tienen aprecio por la lengua la OCB es su casa, independientemente de si se es más o menos soberanista. Cabe todo el mundo y tenemos que ir hacia lo que nos une, que es la defensa del catalán y la cultura propia. Cada presidente de la entidad se ha encontrado con una realidad diferente, y ahora toca positivizar la lengua y volver al consenso lingüístico de los años ochenta y noventa.

Le gustaría que el PP volviese al consenso que impulsó precisamente durante esos años, cuando gobernaba. ¿Su perfil puede ayudar a que se produzca?

—Impulsaron los marcos legales que protegen la lengua, como la ley de normalización y el decreto de mínimos. Bauzá recortó todo eso, y ahora hay que ver qué posición toma el partido. Me gustaría mucho que Marga Prohens se sume al consenso y no vuelva a épocas pasadas.

¿Y su perfil puede facilitarlo?

La OCB debe de ser independiente de cualquier partido y siempre mantener un rol crítico constructivo. Como institución, debe de estar abierta al diálogo sin que la lengua sea una moneda de cambio.

Ha recibido críticas por haber sido presidente de Habtur y candidato del PI a las elecciones generales. ¿Qué opinión le merece?

—Dediqué más horas a la Assemblea de Docents que a Habtur. Uno representa una entidad en un momento determinado. Cualquier persona de la junta está asociado a muchas otras entidades, pero lo que importa es trabajar por los objetivos comunes de la OCB. A los críticos les diría que si tienen alguna duda estoy abierto a hablar con cualquier persona, y que están invitados a participar. También creo que se nos debe juzgar por el trabajo hecho. Además, ninguna junta de la OCB ha cobrado nunca un sueldo, lo hacemos por compromiso y de manera altruista.

Las críticas dan a entender que no es suficientemente de izquierdas. Eso es lo que dicen, pero, ¿cómo se definiría ideológicamente?

—En algunas cosas, mi pensamiento se ubica a la izquierda y en otras tiene un carácter liberal. En todo caso, me considero una persona comprometida con la lengua y la cultura. Un candidato a la OCB se debe implicar en esto último. El alud de enhorabuenas ha sido espectacular y pido disculpas si no he contestado a todos los mensajes públicos y privados que hemos recibido. El apoyo nos alienta mucho.

¿Que solamente se haya presentado una candidatura demuestra la debilidad del estado de salud del movimiento a favor de la lengua?

—Si no me equivoco, prácticamente siempre ha sido así. Mantengo que lo que importa ahora es sumar y por eso la candidatura integra diferentes sensibilidades.

¿Qué legado querría dejar cuando haya acabado su presidencia?

—Una sociedad más orgullosa de ser como es, con más autoestima. Como entidad, una OCB más fuerte, porque todo presidente debe aspirar a dejar una organización más fortalecida. Doy las gracias a Josep de Luis porque desde que se supo que presentábamos la candidatura, se ha prestado a ayudar para que haya una transición tranquila. También agradezco el trabajo hecho por todas las anteriores juntas.