Un cliente muestra el certificado COVID para acceder al Bar Bosch. La medida se puso en vigor el 4 de diciembre y se amplió para todos los establecimientos de restauración el 23. | Jaume Morey

TW
12

La obligación de presentar el certificado COVID en bares y restaurantes sigue sin generar un consenso entre las patronales del sector. No obstante, ambas sí que coinciden en reconocer que en las últimas semanas –la normativa entró en vigor el 4 de diciembre y se extendió a todos los establecimientos el 23– han tenido que lidiar con clientes no vacunados que han pagado con los propios restauradores su descontento por la medida. Uno de los casos más extremos se vivió el pasado fin de semana en un bar de la calle Vicario Joaquim Fuster, donde un grupo de 18 personas increpó e intimidó al propietario del local por haberles pedido el certificado. La Policía Local tuvo que acudir a auxiliar al dueño del bar y por fortuna los agentes pudieron contener a la turba antes de que se produjera ningún incidente grave.

«Es totalmente comprensible que suceda esto cuando algunos responsables políticos están diciendo que debemos tratar el virus como una gripe normal; es lógico que luego alguna gente no entienda por qué se toman estas medidas y reaccione mal», opina el vicepresidente de la Patronal de la Pequeña y Mediana Empresa (PIMEM), Helmut Clemens. A su entender, la medida «está creando una polarización en la sociedad y eso es muy peligroso». Asimismo, señala que está sucediendo lo mismo en otros sectores como el del taxi. «Comprendo que la gente se indigne y nosotros somos precisamente los que estamos expuestos a su descontento», expone el portavoz de PIMEM, patronal que ha sido desde el primer momento muy crítica con la medida y que sigue insistiendo en su retirada a fin de no perjudicar más al sector.

Noticias relacionadas

Desde CAEB-Restauración, por su parte, se sigue haciendo gala de un alineamiento total con una medida que la propia asociación solicitó. No obstante, reconoce que ha generado algunos problemas en los establecimientos, aunque hablemos de un volumen de casos no significativos según ha podido constatar su presidente, Alfonso Robledo. «En general no hay problemas, aunque a veces nos sorprenda algún cliente, incluso amigos... Se enfadan y hasta nos piden la hoja de reclamaciones. Es gente muy obsesionada con este tema».

Contagios al alza

Por lo pronto, el Govern tiene previsto reunirse el próximo día 24 para revisar toda la normativa relativa a las restricciones del contacto social para frenar los contagios de coronavirus. Si las cifras siguen en aumento, como apuntan las propias previsiones de Sanidad en base a las tendencias actuales –se cuenta con rebrotes por las nuevas reuniones sociales por Sant Antoni y Sant Sebastià, pese a la cancelación oficial de las fiestas–, todo hace pensar que sobre la mesa de esa reunión no figurará ninguna relajación de las medidas.

No obstante, desde el Ejecutivo balear aseguran que a día de hoy no existe ningún plan para radicalizar las restricciones y que por lo pronto, en lo que afecta concretamente a la restauración, no se ha planteado seriamente la posibilidad de extender a las terrazas la obligatoriedad de presentar el certificado COVID. La medida no sería vista con malos ojos desde CAEB-Restauración. Robledo señala que pese a los problemas causados por los descontentos, el pasaporte COVID ha contribuido a generar un ambiente de mayor tranquilidad sanitaria en el interior de los establecimientos. «Por lo menos de esta manera la gente se siente más segura dentro de un restaurante».

El apunte

Cascada de cierres de locales por culpa de ómicron y la sexta ola

El descontento de algunos clientes con el certificado COVID no es el único problema con el que tiene que lidiar el sector de la restauración. Tampoco es, ni de largo, el más grave. La tendencia al alza de los contagios está vaciando de clientes bares y restaurantes —además del inconveniente añadido de su incidencia en las bajas laborales— y muchos locales ya han optado por echar el cierre y esperar a que soplen vientos mejores a partir de marzo o abril, exactamente lo mismo que sucedió cuando repuntaron los contagios hace un año.