Fabiola Peñavalle. | Gemma Marchena

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Era un runrún que corría por los supermercados desde la semana pasada, un comentario que se oía entre las cajeras: empezaban a aparecer algunos compradores (contados, eso sí) que llevaban los carros llenos ante un posible gran apagón eléctrico o un desabastecimiento o el encarecimiento de los alimentos... O quién sabe si un conjunto de todos estos factores. De hecho, la semana pasada se iban acabando los hornillos y el cámping gas por si se cortara la luz, tras las declaraciones de una ministra austríaca.

«Todo esto es culpa de la tele. Luego vienen aquí a comprar y abusan. Son los mismos clientes los que vacían las estanterías y llenan los carros para tener llena la despensa. Hay gente que está como loca con el tema del fin de las materias primas y el apagón», contaba un empleado de un supermercado. Ayer se estaban haciendo pedidos a domicilio que se iban a entregar para el sábado como muy pronto. Eso sí, apenas había estanterías vacías que inviten a pensar en el desabastecimiento.

No obstante, el contenido de los carros para llevar a casa no dejaba lugar a dudas de que cierto miedo ha cundido: agua, pasta, arroces, lentejas, legumbres, latas de atún y aceite. «No es igual que en la pandemia que se acababa todo», dijo el empleado, pero el temor ya ha asomado la patita. Durante esta semana, en sucesivas visitas a diferentes supermercados de la ciudad, las cajeras comentaban entre ellas algún caso de un cliente que arrambla con veinte latas de tomate, como si fueran a acabarse de un día para otro, o botellas de aceite. «Yo no estoy haciendo nada, pero me dan ganas. Mi mamá ha empezado a comprar, dice que hay que estar prevenido», contaba ayer Fabiola Peñavalle. El miedo, otra vez, y el recuerdo reciente del confinamiento hace dudar a más de uno. «Me fijo en las noticias, no entiendo por qué se va a acabar el gas natural. Y después del virus parece que va a venir otra cosa nueva. Esto es peor: tengo vitrocerámica y el calentador eléctricos», se lamentó.

Carmen Arrom, por su parte, iba con un carro lleno de agua. ¿Han hecho mella en ella las noticias alarmistas? En absoluto: «Vivo en un sexto piso y estoy haciendo el pedido de cada mes. No estoy comprando de más, no creo que me haga falta».

Ana Vidal.

Ana Vidal, por su parte, antes de ayer hizo la gran compra del mes «con dos carros. Han dicho que no me la llevan hasta finales de semana». Cuando se junta inicio de mes con cierta alarma social, los repartidores de los supermercados no dan abasto. «Antes me la subían a casa al día siguiente», se lamentó Vidal, que añadió que «yo no sé qué quiere decir lo del apagón. Lo estoy oyendo en la tele, pero estoy tranquila. Si hemos sobrevivido a la pandemia... Qué cosa han cogido con eso de asustar a la gente». Vidal, sevillana de 76 años, se ríe: «Todavía habrá gente con el papel higiénico que compró para el confinamiento».

Juana Aguiló.

Otra clienta que ha decidido tomarse la situación con tranquilidad es Juana Aguiló, que esperará al 10 de diciembre «para llenar la nevera por Navidad». El Govern insistió estos días en transmitir tranquilidad para evitar el acopio de alimentos, del mismo modo que grandes supermercados advierten que el suministro está garantizado. Pero el miedo, ay...