Gabriela Vila, ya recuperada y disfrutando de su hijo en la playa. | Pilar Pellicer

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El 85 % de los cáncer de mama se superan pero ¿y si estamos en el 15 % restante? Esta idea es la que obsesionó a Gabriela Vila cuando, cuatro meses después de dar luz a su primer hijo, Alexander, le diagnosticaron un tumor.

«He estado mal. Es duro. El miedo a morir es constante, es una lucha mental. Hay que acompañar, si no te vuelve loca», explica. «El tratamiento te quita el hambre, hay náuseas, ganas de vomitar, se te levantan las uñas…», recuerda. Esos son, quizás, los efectos secundarios más conocidos de la quimioterapia pero no son los únicos. «Se me fue la regla porque te inducen a una menopausia que paso ahora a los 40 y la gente no sabe    que no tener la regla provoca una sequedad vaginal que a veces no te deja ni caminar. Tienes sofocos, el estado de ánimo cambiante y ¿a qué se lo achaco? ¿Al cáncer, a las pastillas o a la menopausia?», se pregunta. «Hay que conocer a esta nueva versión de ti. Y también aceptar que no tendré más hijos, hay que manejarlo, no se habla de eso», lamenta.

Gabriela Vila se quedó embarazada de su primer hijo a los 40 años y poco antes del parto, notó un bulto en el pecho. «Era el último mes y como soy muy precavida porque hay antecedentes de cáncer en mi familia, pedí una ecografía. La doctora me dijo que era una bolsa de agua». Al mes tuvo el bebé y tiempo después, al cuarto mes, ya recuperada, retomó su preocupación. «Me repetí la ecografía. Apenas me vio el doctor me dijo que había que hacer una biopsia, lo vio en seguida». Le diagnosticaron cáncer de mama con el ganglio infectado, estaba en estadio 3. «La noticia produce terror, lo primero es tener que proteger a este bebé. ¿Qué le pasará si yo no estoy? ¿Quién cuidará de él? También fue muy duro quitarle el pecho al bebé en apenas una semana», recuerda.

A partir de ahí, «lo importante fue empezar enseguida la quimioterapia, estuve seis meses. Después con un marcador localizaron el tumor para la operación. Mi seguro no aceptaba parte de la quimioterapia y me pasaron a Son Espases, y fue lo mejor que me ha podido pasar», asegura recordando el cariño que recibió de los profesionales del centro. «Me operaron tras la quimio y en los análisis posteriores no encontraron más células cancerígenas, fue la mejor noticia de mi vida», recuerda emocionada.

Después de eso Gabriela tuvo que enfrentarse a «15 sesiones diarias de radioterapia que te deja secuelas de cansancio brutales. Necesité ayuda psicológica, acudí a la Asociación Española Contra el Cáncer y lo recomiendo a quien tenga que enfrentarse a algo así». Pero para Gabriela Vila «lo bueno es que hay mucha gente que te dice: Estoy para ti incondicionalmente». «Es una carrera de fondo, he estado muy mal y sigo muy cansada, porque ahora viene el cansancio emocional y físico. Yo soy otra persona, quiero que el tiempo que paso con otras personas sea de calidad y siento que tengo que dedicar mi energía a lo importante:mi salud y mi hijo», concluye.