Agustín Uranga, socio del Grupo Palma Ocio, explica todas las dificultades que les ha generado la pandemia pero se muestra convencido de que saldrá adelante. | Pilar Pellicer

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Los empresarios del ocio nocturno están siendo los grandes damnificados de la pandemia de la COVID-19, ya que es el único sector que sigue cerrado 18 meses después. Pese a ello, durante este tiempo han seguido pagando impuestos y las ayudas no han llegado a todos ellos. De hecho, muchos se han quedado por el camino o lo harán.

Ultima Hora ha hablado con tres empresarios del sector del ocio nocturno, que narran en primera persona cómo han vivido este año y medio; destacan que ha estado marcado por la incertidumbre.

José Pérez, del Grupo Palma Ocio (agrupa los locales Backstage, Trendy, Templo Palma), explica que decidieron cerrar sus locales una semana antes del confinamiento porque se empezaba a escuchar que venía una pandemia. «Recuerdo que en Backestage el jueves anterior teníamos una fiesta y decidimos no abrir».

El motivo por el que más ha sufrido durante este tiempo ha sido por el personal, tenía a más de 30 trabajadores, que lo llamaban constantemente para saber qué iba a pasar, algo a lo que él no tenía respuesta. La incertidumbre era máxima en aquellos momentos, pero precisa que a día de hoy también lo sigue siendo. A esto se le sumaba el pago a proveedores, alquileres e impuestos.

Durante este tiempo han seguido pagando la Seguridad Social. Igual que el impuesto de residuos sólidos urbanos, por el que pagan unos 400 euros cada dos meses, pese a no sacar basura porque sus negocios están cerrados.

Matías d'Amelio, propietario del Brooklyn Bar, Brooklyn Club y Brooklyn Craft, confiesa que su principal preocupación son sus empleados, proveedores y arrendadores. En su opinión, lo más grave de esta situación es que «18 meses después seguimos cerrados y sin saber fechas y medidas de apertura». Matías recuerda especialmente la incertidumbre con la que nos encontrábamos al no saber qué iba a pasar y no saber qué hacer con sus empleados. No obstante, precisa que no se dedica exclusivamente al ocio nocturno y que gracias a sus otros locales le ha sido más fácil salir adelante. «Soy parte del ocio nocturno, pero no me dedico a él exclusivamente», matiza.

José precisa que han tenido más colaboración por parte de los dueños de los locales, que en muchos casos les han rebajado el alquiler. «En caso contario, habríamos tenido que entregar las llaves». Los proveedores también aplazaron los pagos y los bancos les concedieron préstamos.

Sin embargo, reconoce que esto no ha sido así para todos, ya que muchos propietarios se han negado a renegociar y empresas que no contaban con unas cuentas saneadas no han podido acceder a préstamos.

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Agustín Uranga, socio del Grupo Palma Ocio, explica que todos ellos han tenido que hipotecarse para poder hacer frente a los gastos; tienen préstamos tanto para sus locales como personales para poder salir adelante. De hecho, este mes de septiembre el banco les ha negado la concesión de uno porque llevan 18 meses sin facturar y siguen sin fecha para volver a hacerlo.

Poco antes de empezar la pandemia se acababa de cambiar de casa y en las primeras semanas del confinamiento nació su segunda hija. Sin lugar a dudas, no fueron momentos fáciles, que le quitaron el sueño a pesar de que llegó con las cuentas saneadas y ordenadas a la pandemia.

«Volveremos a abrir y seremos más fuertes»

«No hay ningún otro sector que lleve 18 meses cerrado y que siga sin saber cuándo volverá a abrir», expone José. Pese a todo, se muestra optimista y convencido de que el ocio nocturno saldrá adelante. «Volveremos a abrir y seremos más fuertes», asegura.

La reapertura del ocio nocturno en Baleares sigue siendo toda una incógnita. Se está hablando del mes de octubre. Sin embargo, los empresario advierten de que las condiciones de la reapertura son muy importantes. «Abrir para estar sentados en sillas y no poder bailar no nos resulta rentable a los negocios pequeños», precisa Matías.

José añade que las condiciones de la reapertura son muy importantes porque en el momento que se permitan volverá a subir el precio de los alquileres que se han renegociado. También insiste en la necesidad de mantener los ERTE. Matías apunta que la prórroga finaliza el 30 de septiembre y aún no saben si habrá prórroga, aunque todo apunta a que sí.

Otro reto al que se enfrenta este sector es la puesta a punto de los locales para poder reabrir en condiciones óptimas. En verano empezaron a hacerla, pero como todo quedó paralizado por los macrobrotes de estudiantes, y no las finalizaron. Las humedades, los fallos en los electrodomésticos... son algunos de los imprevistos que más temen y a los que saben que tendrán que hacer frente.

Los locales de ocio nocturno necesitan una puesta a punto muy importante para poder reabrir
Los locales de ocio nocturno necesitan una puesta a punto muy importante para poder reabrir.

Pese a todo el sufrimiento que acumulan, estos tres empresarios están convencidos de que podrán salir adelante, pero lamenta que muchos otros no podrán hacerlo, por ejemplo los que acababan de abrir antes del inicio de la crisis sanitaria. En este sentido, recuerdan que detrás de sus negocios hay muchas familias que dependen de este trabajo para poder realizar su proyecto de vida.

Por ello, reclaman la apertura del ocio nocturno en condiciones que les permitan ser rentables y argumentan que estos espacios son mucho más seguros que los botellones o las fiestas en domicilios particulares, donde no se ponen en práctica las medidas de seguridad pertinentes para evitar la propagación del virus.