Por la izquierda, Oubida Brik, Youcef Hamek y Aymane Esbai, que posan para este reportaje en la Plaça de les Columnes de Palma. | M. À. Cañellas

Martin Luther King tenía un sueño. Fue esta frase la que caracterizó su discurso esperanzador en 1963 en Washington. Aquel I have a dream es lo que mueve desde dentro la valentía de los menores que cruzan el Estrecho para conseguir sus sueños.

Aymane Esbai, marroquí de 19 años, logró un sueño: llegar a España. Youcef Hamek, argelino de 19 años, quiere trabajar. Persigue cada día este objetivo. Oubida Brik, también de Argelia y de 19 años, quiere ser boxeador. Tan fuerte como Mike Tyson o como dijo Muhammad Ali: «Volar como una mariposa y picar como una abeja».

Sus nombres no son representativos, pero sí su condición. Son los menores extranjeros no acompañados (mena) que salen de sus tierras, muchas veces sin familia, en busca de una nueva oportunidad. Lo hacen de forma consciente pero sin pasaporte legal. Esta, dicen, es la única forma de salir cuanto antes del país de origen para encaminar sus vidas. «En Marruecos da igual cuanto estudies o hagas que luego no tienes trabajo. Conozco a mucha gente en mi país que han estudiado toda su vida y han acabado en el campo», cuenta Youcef Hamek, que hace dos años y seis meses que vive en Mallorca.

Vidas complicadas

Aymane procede de la ciudad Nador, en la región de Rif (Marruecos). Cruzó, junto a su madre, la frontera para llegar a Melilla. Allí se quedó solo, siendo menor de edad. Durante dos años permaneció en un centro de acogida en esa ciudad, un recuerdo «muy duro», expresa, por lo que «con lo que había ganado de algunos trabajos decidí viajar a Mallorca y lograr mis sueños, que son estudiar y ser médico».

Llegó a la Isla en diciembre de 2020. Ha aprendido español de forma veloz. Posteriormente realizó un curso de contabilidad en Melilla y ahora se está sacando la ESO. Le gustaría acceder a la formación profesional de Auxiliar de enfermería y, finalmente, a Medicina.

La infancia de Oubida Brik ha estado marcada por el trabajo en el campo y el abandono escolar precoz. Con once años ya curraba y a los quince estaba completamente en el mundo laboral. «A esa edad ya me rondaba por la cabeza salir a Europa lo antes posible. Le pedí dinero a mi hermano y salí en patera». En su balsa iban 16 personas. La noche acechaba a este embalse, pero por el día viajaban con normalidad. Es una ruta de vida o muerte, «pero piensas en tu futuro, en Europa... al final decides dar el paso», expresa con orgullo.

Youcef Hamek llegó a puerto tras 27 horas de travesía. Era diciembre de 2018 y recuerda un camino «muy duro y con mucho frío». Como era menor, su caso fue trasladado al Consell de Mallorca y le asignaron el centro de acogida de adolescentes Tramuntana. Tras dos semanas allí, y hasta su emancipación, ha estado en otro en Santa Margalida. Enseguida aprendí castellano, un curso de limpieza de maquinaria y hace poco finalizó su formación en emprendeduría, como el resto.

Piensa sin descanso en tener papeles y trabajar. «Sé que mi objetivo en Argelia era venir aquí», dice sin dudar. Actualmente, tanto él como Oubida viven en un piso de acogida de emancipación. Mientras, Aymane continúa en la Casa de Familia, a la espera de poder desplazarse a un piso. «Me gustaría ser rico y ayudar a mis padres», confiesa entre sonrisa y sonrisa.

Racismo

Viven cada día con el runrún por detrás de la gente que les señala, e incluso insulta. Opinan de forma tajante sobre el racismo latente, el auge de Vox «y su falso discurso sobre los menas y las ayudas del Estado. No es así para nada».

Aymane reconoce que «hay mucha gente que nos juzga, que dicen ‘aquí vienen los moros a que nos paguen todo’ y esto no es verdad. Yo para llegar a España he sufrido mucho, una vida que no le deseo a nadie. Parece que llegamos como fugitivos y encima partidos como Vox miente a los españoles sin saber de nosotros». Youcef también es crítico: «Cuando llegué a Mallorca no me esperaba ver esto. Aquí juzgan, me atacaron por ser musulmán, por mi cultura».

Lo que al principio les podía hacer daño, ahora pasa sobre ellos como un soplo de aire. Oubida no tiene paciencia, pero intenta no mirarles ojos. «Al menos nuestros amigos españoles dicen una cosa verdadera, que solo la gente loca vota al partido Vox».

Aymane cree en la palabra fraternidad, en que «todos somos hermanos y por ello debemos respetarnos».

Los servicios de vivienda de emancipación para menas en Mallorca

Los servicios de vivienda de emancipación para los menores extranjeros que llegan a las Islas en situación irregular ofrecen protección, educación y apoyo durante su adaptación en un país diferente. Por ejemplo, Youcef Hamek vive a día de hoy en un piso de la asociación GREC Mallorca junto con dos jóvenes procedentes de Mali. En el caso de Oubida Brik, está residiendo en un piso de la Fundación Shambhala, que ayuda y promociona a jóvenes vulnerables de la Isla.