El fin de semana no transcurrió según lo previsto. Los clientes se muestran intranquilos al ver el comportamiento de algunos dentro y fuera del hotel. | Redacción Local

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Varias familias que compartieron estancia en un hotel de Mallorca con decenas de estudiantes de la Península en los días que rondaron la celebración del polémico concierto de reguetón en la plaza de toros de Palma han expresado por escrito sus quejas derivadas de la dificultosa convivencia con los jóvenes. Unas quejas que han sido planteadas ante la dirección del establecimiento, y que de momento no han obtenido respuesta alguna.

Recordemos que el mencionado concierto, celebrado el pasado día 15 de junio, se considera por parte de las autoridades sanitarias de Baleares como uno de los puntos de contagio que han desencadenado el macrobrote de coronavirus en Mallorca, con más de mil positivos en distintas comunidades autónomas.

En esos días varias familias se disponían a pasar unos días de descanso en un hotel de Llucmajor. Sin embargo no se desarrollaron según lo previsto. En este contexto las familias afectadas han pedido al establecimiento hotelero algunas explicaciones, exponiéndoles puntos concretos y situaciones que arruinaron sus estancia llevándoles a sufrir en sus propias carnes «un fin de semana desastroso».

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«La ausencia de gel hidroalcohólico en muchas actividades en las que participábamos nosotros y también ellos, su comportamiento en zonas comunes como el comedor o la piscina, el escaso control de los monitores… Varias situaciones dejaron mucho que desear», comenta una de las huéspedes que no quedaron conformes con la experiencia, y que no descartan elevar la problemática a la Dirección General de Consumo.

«Al ver cómo evolucionaban los acontecimientos, con todos los chavales confinados, decidimos hacer algo», explica esta persona echando en falta que alguien les haya llamado, o les hayan programado una prueba como posible contacto estrecho de los positivos, si los hubiera. Por ahora y afortunadamente la salud de todos los integrantes de la familia es buena.

«En el comedor se juntaban más de diez en una mesa, sin distancia con los demás clientes. Mi marido tuvo que llamar la atención a los camareros para que por favor les dijeran que se pusieran la mascarilla correctamente».

Las familias insatisfechas con su estancia en un hotel de Mallorca junto a decenas de estudiantes no confían en demasía en que se les reembolse el dinero gastado en esos días de escasa calma y tranquilidad. «Entendemos que con la que cae se centren en los chicos. Pero, ¿qué hay de nosotros?», se pregunta retóricamente, a falta de que alguien responda sus interrogantes.