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El megabrote ha afectado ya a un millar de estudiantes que viajaron hasta Mallorca de viaje de estudios. David Rodríguez es uno de los jóvenes afectados, aunque, afortunadamente, él no se ha contagiado, pero sí muchos de sus compañeros.

Según cuenta este estudiante madrileño en una entrevista concedida a Nius Diario, después de la selectividad organizaron por su cuenta un viaje a Mallorca. Iban en autobús a Valencia y allí cogían el ferry a la Isla. «Creo que mi grupo fue prudente, pero al final somos chavales que estamos celebrando que hemos terminado la EBAU y vamos de fiesta. Lo hicimos mal, pero creo que la culpa no es solo suya, también de algunas agencias organizadoras y del gobierno balear que lo permitió», explica.

Narra que le sorprendió mucho que, al llegar al hotel, «nadie llevaba mascarilla, ni en el hotel, ni en las tiendas, ni la policía». Es por este motivo que ellos tampoco la llevaron.

Aunque durante el día, fueron a la playa en grupos reducidos, por la noche «ya era distinto». La primera noche fueron todos al mismo sitio, un macrobotellón en la explanada del Arenal cerca del campo de fútbol. «Cuando llegamos allí no podíamos creerlo. Todos bailando, bebiendo, sin mascarilla y con un megáfono en el centro. Yo trabajo y me voy a vivir solo el mes que viene. No podía permitirme el lujo de contagiarme de COVID así que mi grupo y yo decidimos volvernos al hotel. En el botellón podía haber más personas. La policía pasó un par de veces, pero era imposible de controlar», asegura David.

La segunda noche, la fiesta fue en la playa. Como consecuencia de las quejas de los vecinos, la policía los trasladó, siempre según la versión de este joven, a la explanada del Arenal. «Aquello era como la fiesta de un pueblo antes del COVID. Era increíble».

La tercera noche acudieron al concierto de la plaza de toros de Palma. «La verdad es que fue todo bien. Todos sentados, solo te dejaban levantarte para ir al baño o para pedir bebida y salió bien. Eso sí a la vuelta todos al macrobotellón», señala.