Àngel Fernánez y Francesc Antich, entonces director de Tirme y conseller insular de Medi Ambient, respectivamente.

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A mediados de junio de 1996, hace 25 años, la planta incineradora de Son Reus se puso en marcha. Eran unas pruebas, puesto que la puesta en marcha definitiva se materializaría nueve meses después. En cualquier caso, Mallorca comenzó a cambiar hace 25 años su modelo de gestión de residuos: se eliminaban decenas de vertederos nada respetuosos con el entorno, pero se estrenaba una infraestructura que según el ecologismo también sería perjudicial para el medio ambiente.

En realidad, Son Reus ya contaba con una incineradora antes de la de Tirme. Era una planta pequeña y obsoleta en la que se quemaban parte de los residuos que generaba Palma. Salvo la capital y Calvià, el resto de pueblos acumulaban su basura en los 40 vertederos que había en la Isla, que no cumplían con la normativa vigente. Fue en este contexto, a principios de los años 90, cuando el Govern, aprovechando que Cort quería ampliar su incineradora, decidió construir una que prestara servicio a toda la Isla y que permitiría cerrar los insalubres vertederos municipales. El Consell asumiría la gestión. La construcción y posterior explotación de la planta se adjudicó a la empresa Tirme, que empezó las obras en 1994.

Movilizaciones

El proyecto generó una importante controversia en Mallorca. El ya potente ecologismo local se opuso con rotundidad y movilizó a buena parte de la ciudadanía. El entonces presidente de Greenpeace España, Xavier Pastor, recuerda que el ecologismo rechazaba las incineradoras en toda Europa y pedía que se pusiera el acento en el reciclaje. La acción más recordada fue posiblemente la ‘ocupación’ de Son Reus por parte de activistas de Greenpeace en 1995, que supuso la paralización de las obras de la incineradora, pero también hubo recogidas de firmas, manifestaciones y protestas varias. «Nos quedó un sabor agridulce: la historia nos ha dado la razón, porque ciertamente se ha puesto el acento en la reducción de residuos, pero no logramos impedir la incineradora», indica Pastor.

La incineradora también generó inestabilidad política. El diseño del proyecto lo hizo el Consell de Mallorca presidido por Joan Verger (PP) a principios de los 90, pero quien ordenó su puesta en marcha fue el primer Pacte de Progrés, el que comandó el Consell de Mallorca de 1995 a 1999. Francesc Antich fue el conseller insular de Medi Ambient aquella legislatura. «Aun recuerdo cuando Francesc Triay me llamó y me dijo que necesitaban a alguien para ponerse al frente del lío de la incineradora», rememora. «Es cierto que hubo lío con los ecologistas, pero logramos eliminar muchos vertederos y fomentamos el reciclaje», añade.

La primera incineradora era capaz de quemar 400.000 toneladas al año. Luego se amplió hasta las 700.000. Àngel Fernández, director de Tirme hasta 2012, explica que esta elevada capacidad se explica por las puntas de verano que genera el turismo. «Y fíjese que es un servicio que siempre ha funcionado. [A diferencia de otros servicios] no se ha parado ni una sola vez», destaca.

«Consellers del PSM, dense ustedes por destituidos»

El primer Pacte de Progrés, el formado por Unió Mallorquina y los partidos de izquierda que gestionó el Consell de Mallorca entre 1995 y 1999, también se resintió por culpa de la incineradora. Algunos aún recuerdan cuando la entonces presidenta de Mallorca, Maria Antònia Munar, espetó a los miembros del PSM de su gobierno: «Consellers del PSM, dense ustedes por destituidos». Los nacionalistas volvieron al ejecutivo posteriormente.