Miguel Beltrán. | P. Pellicer

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Estudiantes de la UIB han iniciado una recogida de firmas contra la actividad académica que sigue ejerciendo el catedrático de Ética Miguel Beltrán después de haber sido condenado por coacciones a seis meses de cárcel y dos años de alejamiento de la víctima, su compañera del departamento de Filosofia i Treball Lucrecia Burges.

A raíz de la sentencia judicial, que fue confirmada por el Tribunal Supremo, la UIB suspendió de empleo y sueldo a Beltrán también por seis meses. La suspensión debía iniciarse el pasado 1 de mayo, pero el hecho de que Beltrán haya presentado un recurso contencioso contra la sanción interna ha hecho que ésta quede en el aire.

En cualquier caso, lo que sí se está cumpliendo es el alejamiento de Lucrecia Burges, pues Beltrán ha sido trasladado al edificio de sa Riera, en Palma, dejando su despecho en el campus universitario, en el edificio Ramon Llull. Beltrán no puede estar a menos de 200 metros de Lucrecia Burges.

Alumnos de la UIB, y especialmente de la Facultat de Filosofia i Lletres, han empezado a recoger firmas al comprobar que Beltrán sigue corrigiendo exámenes y poniendo notas, por lo que su actividad académica continúa.

Los estudiantes consideran «inadmisible» que, con una condena por coacciones, este profesor siga ejerciendo, aunque pueda hacerlo según los formalismos legales. Estos alumnos destacan que Beltrán es catedrático de Ética.