Naroa Cerdán y Silvia Pérez adoptaron a este caniche en 2015, cuando quedó paralítico desde la cadera, y «nos ha cambiado la vida». | Pere Bota

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El perro Milú, fox terrier, no es solo un animal para Tintín, personaje de ficción, sino un amigo con el que comparte miles de aventuras. Para Naroa Cerdán y Silvia Pérez, su Milú de carne y hueso –nombre que hace honor al dibujo animado– es además «agradecido, tierno y muy feliz».

Este caniche, que en breve cumplirá nueve años, tiene las dos patas traseras paralizadas. Hace seis años, una hernia discal le seccionó la médula hasta tal punto que perdió toda la movilidad desde la cadera. Lidiando entre la vida o la muerte por una mala decisión, Naroa llegó a tiempo y no dudó en adoptarlo.

La suerte tiene nombre de Milú. «Nos ha cambiado la vida totalmente, no nos imaginamos estar sin él», confiesa Naroa. Desde entonces, Milú se mueve como un rayo en su silla de ruedas: «Fue ponérsela y salió corriendo; parece como si la hubiese llevado toda la vida».

Superación

Milú tenía casi tres años cuando tuvo que ser intervenido de urgencia por una hernia discal provocada por causa desconocida. Llegó remitido de una clínica de Pollença a otra donde Naroa trabajaba como auxiliar de veterinaria. «Su antigua familia estaba muy apegada al perro. Después de la cirugía, el veterinario avisó a los dueños que Milú tenía menos de un 5 % de posibilidades de recuperar la movilidad», describe Naroa.

Tras esta noticia, la antigua familia debía esperar cuatro semanas para saber «si se cumplía el milagro o no». Milú, finalmente, se quedó paralítico. La familia de entonces decidió, antes de la cuarta semana, acudir de nuevo a la consulta para sacrificarlo. «Y yo no me lo pensé dos veces: llamé a mi pareja y le pareció bien adoptarlo. No podía consentir esa decisión, a pesar de que a esa familia se le notaba afligida y muy triste. Cuando les dije que me lo quedaría, se pusieron contentos», recuerda. Gracias a esta decisión, las vidas de Naroa y Silvia cambiaron por completo. «Es verdad que al principio tuvimos que aprender a vaciarle la orina, pero una vez pillamos el truco, cuidar a ‘Milú’ es muy fácil», asegura.

Desde ese agosto de 2015, Milú ha pasado por tres mudanzas sin problema, ha creado un vínculo muy fuerte con su hermano ‘Simba’ –un mestizo de bulldog francés– y ha tenido una hermana felina, ‘Popi’. «A pesar de que Milú ha tenido una etapa con mucho dolor, los animales no tiene sentimientos de autocompasión como sí los humanos. Se superan a sí mismos. En el fondo, le estoy agradecida a su anterior familia porque le pude conocer y ahora no me imagino una vida sin él». Milú sigue teniendo la misma energía que hace seis años. Corre y juega sin problema por el inmenso jardín de su casa, en Sant Llorenç des Cardassar.

«Mi mensaje para aquellas personas en una situación así es que no se rindan, que no abandonen a su mascota porque de todo se sale. Estos animales son más fuertes que nosotros y su poder de recuperación es increíble. Y siempre te lo agradecerán».