Albert Lobo posa en una plaza de Palma para la entrevista. | P. Pellicer

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Albert Lobo preside la Federació d’Associacions de Pares i Mares d’Alumnes (FAPA) de Mallorca. A su condición de padre comprometido con la educación, une la de docente en la enseñanza pública. En esta entrevista, hace balance de lo que ha sido el inicio de este curso singular.

¿Qué podemos decir de la Conselleria? ¿Lo ha hecho bien? ¿Lo ha hecho mal? ¿Hace lo que puede?

—Hay que reconocer que ha hecho un gran esfuerzo económico para dotar de más personal, más espacios y más medidas higiénicas y sanitarias, pero hubiera sido preferible una mayor previsión, con más tiempo, para organizar el curso. Ya tenemos a los alumnos en clase y existen problemas para los que no hay preparada ninguna solución.

¿Cuáles?

—Aunque menos que en otros años, están llegando alumnos ‘nouvinguts’ y no hay planteada ninguna solución para ellos. ¿Vamos a desdoblar los grupos ya desdoblados? El grupo exprés de sustitución del profesorado se ha creado con el curso ya empezado. En los comedores escolares, hay empresas concesionarias que están poniendo sobre la mesa dejar el servicio porque no es rentable. Finalmente, está la atención a los alumnos con diversidad funcional, que todavía está en el aire. Hay alumnos que necesitan una persona sólo para ellos y, en este caso, un día perdido es un día que no se recupera.

Por cierto, hay asociaciones de madres y padres que prestan el servicio de comedor.

—Sí, concretamente hay en Mallorca 19 asociaciones de madres y padres que gestionan este servicio. Es otro ejemplo: pocos días antes de iniciarse el curso, no tenían claro qué había que hacer exactamente para organizar el servicio.

La situación cambia constantemente.

—Sí. No criticamos que la Conselleria improvise ante una situación cambiante, sino que no consulte con nosotros ni con el resto de la comunidad educativa. Podemos tener ideas que le permitan no partir de cero. Nosotros estamos sobre el terreno. No se trata de criticar por criticar. Eso sería perder el tiempo. Otro ejemplo. Hemos propuesto que los docentes de riesgo sirvan de apoyo telemático mientras los demás dan clase presencial. También podrían encargarse de los alumnos en cuarentena. Todo ello quitaría presión de trabajo a los docentes presenciales. Hay más de mil docentes de riesgo. La Conselleria no lo tenía previsto.

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¿La FAPA va a asumir un papel más ‘social’ con las familias ante la difícil situación económica?

—Ya hace tiempo que hemos dado un paso social, como con los programas Cap Infant sense Joguina o Motxilles Solidàries. Hemos atendido a más de mil niños aportándoles material escolar. Tendremos que acentuar estas actuaciones. Los contactos con los servicios sociales no son extraños para nosotros. Los alumnos vulnerables son prioritarios. Y si el resto de familias tenemos que sacrificarnos, pues lo haremos. Si no hay un plato en la mesa, la educación pasa a ser secundaria.

¿Las medidas en los centros son suficientes? Hay familias que no quieren llevar sus hijos al colegio.

—Los protocolos se cumplen más en la escuela que fuera. Puedo entender el temor de algunas familias al contagio, sobre todo si cuentan con una persona de riesgo, pero los focos de transmisión pueden estar en cualquier ámbito de la sociedad, incluso en el supermercado. Ante cualquier problema, que puede darse en una persona y en una situación concretas, deben dirigirse al sistema sanitario.

¿Cómo valora el final del curso pasado?

—La educación a distancia no funcionó como queríamos. No fue satisfactoria para nadie de la comunidad educativa. La educación debe ser presencial. La alternativa a distancia no garantiza la igualdad de oportunidades y genera tensiones familiares en la conciliación, padres haciendo de maestros y desmotivación en los alumnos, que pueden acabar desenganchados.

Sin llamar al mal tiempo, ¿cómo vislumbra otro confinamiento?

—El llamado escenario C, el del confinamiento, está por desarrollar. Y el que finalmente se ha implantado, el B, estaba poco desarrollado. Una parte de los inspectores educativos dijo a los colegios e institutos que se centraran en el escenario A, el presencial, mientras otros inspectores señalaban que prepararan los tres escenarios. El mismo cuerpo de inspectores educativos dio mensajes diferentes. El mensaje claro de preparar el escenario del confinamiento no ha sido lanzado, o no nos ha llegado. Es decir, cómo debe ser la enseñanza telemática, los horarios de conexión, los problemas de conectividad, cómo se evaluará, la conciliación... No hay pauta. Improvisamos en marzo porque no quedó más remedio, pero no podemos volver a improvisar. Los alumnos no pueden quedar en manos de la lotería de si su centro o su profesor está más o menos preparado para la enseñanza telemática.

¿Corremos el riesgo de perder cursos enteros?

—No podemos permitir que el coronavirus afecte a una generación, sobre todo a los más pequeños. La educación es un pilar del estado del bienestar. Vivimos un tiempo de crisis, pero la escuela debe ayudar a quienes peor lo pasan, intentando un máximo de calidad educativa.