Pedro Esquiva, junto a su perro lazarillo y su pareja, en Madrid. | A.R.

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«Voy a denunciar a la compañía por lo que me han hecho pasar, para que no vuelva a suceder algo así». Pedro Esquiva junto a su perro lazarillo y su pareja viajaron el pasado 16 de julio de Madrid a Mallorca para disfrutar de unos días de vacaciones. Llegaron con Iberia, pero la vuelta, el 19 de julio, estaba programada con Ryanair. A este pasajero, con una discapacidad visual, le vetaron la entrada en el avión porque «no tenía a mano la cartilla de vacunación de mi perro, pese a que la ley permite viajar en vuelos nacionales sin requerir esta documentación».

El caso lo ha dejado en manos de la ONCE y del Comité Español de Representantes de personas con Discapacidad, además de contar con el apoyo de Aena para denunciar lo sucedido.

Situación

Esquiva y su familia tenían el vuelo de vuelta a la capital madrileña a las 22.40 horas. Pedro asegura que todo el acceso a la puerta de embarque «fue muy bien, hasta que me prohibieron subir al avión por no disponer en ese momento del certificado». Por ello, recurrió a los cuerpos de seguridad. Se personó la Guardia Civil pero, «al no tratarse de ningún desalojo, no podían ayudarme con esto».

La pareja y el perro se quedaron en tierra. «La encargada se negó a darme desde el principio sus apellidos, y, por otra parte, su trato conmigo no fue correcto. Le dije que no tenía humanidad por lo que había hecho». La familia pudo quedarse en casa de un amigo en Palma.

Pese a todo, tuvieron que comprar un nuevo billete, en este caso con la compañía Iberia, que les costó 244 euros, además del coste del taxi hacia el aeropuerto y los 68 euros que pagaron en un primer momento. «No es la primera vez que sucede algo así en Ryanair, voy a denunciar por daños morales y reclamar los gastos. No quiero que otra persona pase por esto», asegura.