Pandemia de coronavirus

Asoman las flores, que el lunes volverán a la Rambla

| Palma |

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Joana Maria Barceló muestra unos ramos.

Joana Maria Barceló muestra unos ramos.

Pere Bota

El próximo lunes ya podrán abrir los diez quioscos que venden flores en la Rambla y que cerraron con la declaración del estado de alarma que llega este miércoles a su día 53. Diez quioscos a los que acompaña (cerrado igualmente) otro que se dedica a la compraventa de oro y y de monedas antiguas para coleccionistas. Todos cerrados.

Los quioscos cerrados y sin flores de la Rambla –que fue Vía Roma durante el Franquismo y añadió durante un tiempo ‘de los Duques de Palma’ hasta que pasó lo que pasó– son estos días escoltas de quienes vuelven a pasear por allí. Todos los quioscos llevan un teléfono que empieza por 971 anotado en sus toldos. Algunos no responden; otros ya no están operativos o tienen un titular diferente; desde otros sí es posible encargar flores aunque en alguno se informa que la normalidad volverá el lunes. Algún letrero con un número de teléfono móvil donde la respuesta es más probable.

Las razones últimas por las que nadie pareció percatarse de la venta de flores podía ser si no de interés esencial sí, al menos, ‘emocional’, quedarán para el futuro y, con este asunto, podrá hacerse mucha poesía. Hasta el lunes pasado sólo era posible conseguir flores a distancia. La buena noticia es que, desde el lunes, ya es posible verlas y hasta tocarlas. Y luego llevarlas a casa para mirarlas y hasta regalarlas.

«No entiendo español», asegura en otra calle de la ciudad alejado de la Rambla un joven que lleva en las manos un cono de papel que delata un ramo de flores. Lo mejor, para entenderse, es decir flowers y señalar con el dedo lo que lleva entre manos. Sonríe y, desde la otra acera, acierta a decir: «Santa Catalina, market». Parece una buena pista.

Olores y colores

Hay un puesto de flores abierto en el Mercat de Santa Catalina. Atiende Cati Canyelles. Es un puesto familiar. Hasta que no empezó la ‘fase cero’ (día 4) sólo podía vender plantas aromáticas o que se utilizaran para condimentar algún plato. «Esto es muy curioso, no podíamos vender petunias pero sí pimientos», dice para añadir que «con el confinamiento, la gente estaba muy necesitada de flores y de colores».

Para conseguir flores –eso será así hasta el próximo lunes– es bueno echar mano de Google. Aunque las floristerías ya pueden abrir sólo para venta por encargo, algunas no lo han hecho. Otras sí. También, y eso molesta especialmente al sector (la asociación de floristerías de Pimeco está «inactiva» desde hace alguna temporada, según informa esa organización empresarial), se pueden comprar «en algún supermercado». Alguna furgoneta con el nombre de alguna floristería circula por la calle (no muchas) pero es de suponer que otros vehículos de reparto también lleven en su hoja de pedidos para dejar en domicilios. Hay bastante animación en el exterior de una de las floristerías que abrieron el lunes. Es el caso de Tallo, en la calle Aragón.

Joana Maria Barceló, su propietaria, lleva tiempo en el sector. Su padre ya se dedicaba a la jardinería en Llucmajor. Cuenta que, cuando se anunció el estado de alarma, tenía una cámara frigorífica llena y las regaló entre los vecinos. Es un comercio muy frecuentado por el vecindario. Ahora no se puede entrar. Hay una mesa que cruza la puerta, primero se hace el pedido (el escaparate es amplio) y luego se viene a recoger. «Ahora doy horas», dice. Durante la fase del confinamiento se dedicó a la venta on line.

Se llama Guillermo Alemany, vive cerca y también se ha dedicado a la floristería. «Soy de la sexta generación de la floristería Alemany, la primera que abrió en Mallorca. Fue en 1837, en la plaza de la Porta Pintada», cuenta. Ha venido a recoger dos sacos de tierra. Conversa un rato con Joana. Ella en el interior, él fuera. Saben de qué hablan. «Esto ha sido la ruina para mucha gente. Aquí y en todo el mundo», sentencia.

Juan espera turno. Le gusta la fotografía. Sabe cómo funciona una cámara y donde tiene que ponerse. Elige el escaparate de la flores y se quita la mascarilla. Sus padrinos cumplen 56 años de matrimonio  (una mujer que pasa dice en voz alta «¿Cincuenta y seis? ¡Qué suerte!») elige lo que quiere regalarles. Antes de envolver el pedido, posa con flor del deseo: el Anturium.

Asoman las flores y todo lo que representan; que es lo que cada persona que las busca quiere que representen. El lunes, más fácil conseguirlas. Y mirarlas, tocarlas, olerlas o regalarlas.

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