Lechugas más caras. Un producto que se ha encarecido con el estado de alarma es el de la lechuga romana producida en Mallorca, que el 24 de marzo se vendía a 1,04 euros de media en las grandes superficies y un mes después costaba 1,44. Este mismo aumento se ha apreciado también en los mercados, pasando de 1,13 a 1,44 euros. En cambio, en las tiendas de proximidad se vende ahora a 0,49 euros. | Archivo

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«La cesta de la compra es más cara desde que se decretó el confinamiento», opinan y manifiestan buena parte de los consumidores. ¿Es una aseveración cierta o acaso es un comentario más basado en la percepción que en unos datos efectivamente contrastados? A la espera de que se publiquen los datos definitivos del IPC del mes de abril, que ofrecerán una fotografía más sólida de la variación que han experimentado los precios desde que estalló la crisis sanitaria –el estado de alarma entró en vigor el 15 de marzo–, el IPC de marzo indica que el mes pasado los precios bajaron un 0,3 por ciento respecto a febrero.

No obstante, este dato incluye los carburantes o la vivienda, por ejemplo. La alimentación (que copa buena parte de la cesta de la compra), en cambio, sí subió un 0,5 por ciento. La respuesta, entonces, sería que la cesta sí es más cara, pero no tanto. No sería un incremento relevante.

Este periódico hizo la prueba del algodón y repitió en el mismo supermercado una compra familiar convencional (alimentos y productos de higiene y limpieza básicos) realizada antes de la crisis sanitaria. De los 38 productos que conformaban la cesta, solo dos habían subido: un pack de seis botellas de agua y un paquete de cereales. Otros dos habían bajado y el resto –atún enlatado, yogures, lejía, detergentes, papel higiénico...– se habían mantenido. Costaban exactamente lo mismo.

El Govern también monitorea los precios de algunos productos desde la crisis. Lo hace mediante el Observatori de Preus, que depende de la Direcció General de Sobirania Alimentària y cuya entrada en funcionamiento se adelantó precisamente a raíz del estado de alarma. La mayor parte de los 58 productos chequeados son producto local, pero también recoge bienes elaborados de otros sitios. El estudio anota la evolución del precio que han sufrido desde el 24 de marzo hasta el 24 de abril (la próxima semana se volverá a actualizar) en tres tipos de establecimiento: grandes superficies, mercados y tiendas de proximidad.

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En grandes superficies

Las hortalizas, así como la fruta, apenas han variado el precio. Solo cabría reseñar un ligero incremento de aquellas cuya temporada se acaba (la alcachofa o la col rizada) y un ligero descenso de aquellos que ahora se comienzan a cosechar, como el tomate de ramillete o el pimiento. De la pescadería, el kilo de gerret ha bajado de 6,93 a 5,97 euros, pero el de sepia ha subido tres euros por kilo. Respecto a la carne, el precio del cordero entero ha bajado ligeramente, pero el de las costillas ha subido. Lo que más llama la atención es la variación en el precio de los huevos, con incrementos y bajadas superiores a un euro de una semana para otra. No obstante, esta oscilación debe atribuirse a la política comercial de las grandes superficies.

En los mercados destaca la subida de las naranjas, pero este incremento tiene más relación con el fin de temporada que con la crisis sanitaria. Pero el kilo de calabacín, cuya cosecha ha empezado ahora, vale 80 céntimos menos que hace un mes. A su turno, los precios en las tiendas de proximidad muestran una gran estabilidad.

«No hemos podido establecer una relación entre el estado de alarma y la evolución de los precios», concluye Paula Valero, directora general de Sobirania Alimentària. En cambio, «sí que se ha demostrado una relación con las tendencias de consumo: antes la gente compraba lo que necesitaba, mientras que ahora la gente compra más, para acopiar».