Un equipo desinfecta con lejía todo el material y las camas de la UCI. | M. À. Cañellas

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Vuelve el trajín a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de Son Llàtzer aunque de forma diferente al que se ha vivido durante la fase crítica de la pandemia de COVID-19 en Balears. Este martes y este miércoles están viendo pasar por los pasillos cajas de material, camas que se distribuyen y también botes de lejía de hasta cinco litros. El hospital se reorganiza y limpia y desinfecta su UCI tradicional, la de 18 camas, que desde el pasado mes de marzo acogía a pacientes COVID, para volver a atender a enfermos de otras patologías. Aún así, dentro de esta unidad hay 8 de sus 18 plazas que están aisladas y podrían tener de nuevo a este tipo de enfermos críticos si así se requiere.

La UCI de Son Llàtzer inicia pues su particular plan de desescalada y libera 18 camas que se suman a las cuatro ya disponibles para pacientes no COVID que se ganaron dentro de una planta de hospitalización.

Los enfermos graves por coronavirus se siguen atendiendo en lo que antes era una unidad postanestésica, llamada URPA, que cuenta con ocho camas, todas ellas ocupadas en estos momentos. «Se ha hecho ahora ya que por ocupación y epidemiológicamente se podía. Han ido bajando los enfermos por COVID hasta que hemos tenido la capacidad de juntarlos en una única zona», explica la jefa del Servicio de Medicina Intensiva de Son Llàtzer, la doctora Gemma Rialp.

Durante 48 horas, mientras dure la limpieza de la unidad, «no podemos ingresar a nadie, por eso hemos tenido que trasladar pacientes a hospitales como el de Inca porque Son Espases no tenía sitio para un paciente no COVID».

Una vez desinfectada la UCI, el hospital contará con 8 camas para COVID y 20 más para otros pacientes, de las que ocho aisladas son susceptibles de volver a cambiar.

Desescalada

El hospital se reorganiza en un intento de iniciar la vuelta a la normalidad pero sin perder de vista que esta nueva enfermedad ha venido para quedarse y que el desconfinamiento, parcial y progresivo, vendrá acompañado de nuevos ingresos. «Esperamos un repunte para la semana que viene, con más afluencia de estos enfermos», advierte la doctora Rialp quien recuerda que «nuestra planificación debe ser concienzuda y prudente».

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El periodo COVID empezó en Son Llàtzer el pasado 13 de marzo con el ingreso del primer paciente. «Ha sido un mes duro en cuanto a la presión asistencial con mucha implicación de todo el personal, médicos, enfermeras, auxiliares, compañeros de anestesia, celadores, limpieza, informática o mantenimiento... Todos aquí han hecho un trabajo ingente», recuerda la responsable de la UCI. La desescalada se produce porque «hace días que, gracias al confinamiento, ha habido un descenso de la incidencia de estos enfermos».

La doctora Rialp recuerda que no hay que bajar la guardia pues este virus tiene un curso de dos o tres semanas «y todo lo que se pueda decir son predicciones, no es como la gripe».

La UCI de Son Llàtzer llegó a tener más de un 70 % de ocupación durante la fase aguda de la pandemia. Su pico más alto se produjo con 25 enfermos simultáneos. «Hemos estado por encima de Son Espases, sobre todo al principio, lo hemos pasado fatal porque nuestras infraestructuras en cuanto a arquitectura y módulos no son comparables y tuvimos que crecer comiendo espacio de otras unidades», concluye.

Los familiares podrán visitar a los pacientes COVID-19 ingresados

Hasta ahora, la mayoría de los pacientes con COVID-19 se comunicaban con los familiares por videoconferencia y se permitía el acceso a los familiares para despedirse de los pacientes que estaban en sus últimos días de vida. Ahora, los familiares pueden solicitar hacer una visita. El personal de cada centro será el encargado de gestionarlas: recibir las solicitudes, planificarlas, explicar el procedimiento y ayudar a colocar los EPI.

Se permite la visita de un máximo de dos personas diferentes por paciente, alternando los turnos. Igualmente, se recomienda que la duración de las visitas no supere los 15 o 30 minutos.