El incremento de las plantaciones es causa grave de destrucción de hábitats, en áreas tradicionalmente ajenas a este problema. | Pixabay

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El cultivo ilegal de la marihuana amenaza los ecosistemas de Baleares, así como el sur y este peninsulares, donde el incremento de estas plantaciones -que ha provocado un aumento de más del 500 % de intervenciones policiales- es causa grave de destrucción de hábitats, en áreas tradicionalmente ajenas a este problema.

En los últimos años, la marihuana (unida al hachís en los datos oficiales de consumo) es la droga ilegal más consumida en España y sus incautaciones en todo el territorio han sufrido en los últimos años un desorbitado aumento del 538 por cien, según los últimos datos del Ministerio del Interior publicados en 2019.

Esta masiva producción -tanto al aire libre como en invernaderos- «deja serias consecuencias en la biodiversidad», ha declarado a Efe, Marcos Moleón, profesor del departamento de Zoología de la Universidad de Granada, quien apunta que tradicionalmente esta problemática estaba asociada a regiones montañosas de países tropicales y subtropicales.

Sin embargo, en la actualidad Andalucía y zonas del este peninsular se «perfilan ya como importantes productores mundiales de esta droga», debido a que albergan infinidad de espacios naturales donde las benignas condiciones climatológicas propician el crecimiento óptimo de esta planta, ha señalado el investigador.

Este aumento en el cultivo de la marihuana (Cannabis sativa) está directamente relacionado con las «graves molestias», que especies de aves de presa, como el águila real (Aquila crysaetos) y el águila perdicera (A. fasciata), sufren en sus hábitats.

Las grandes rapaces son muy sensibles al estorbo, trasiego y ruido que supone la presencia humana en sus áreas de nidificación, lo que podría derivar en un fracaso de reproducción y, por tanto, en la desaparición de estas aves a largo plazo en dicho territorio, ha explicado Moleón.

El gato montés (Felis silvestris), especie esquiva y muy sigilosa y cuyo territorio puede abarcar unos dos kilómetros cuadrados, es también otro de los más perjudicados debido a que la basura generada por el incremento del cultivo de este estupefaciente está siendo desperdigada en zonas de estudio de estos carnívoros.

En este punto, el experto ha explicado que la marihuana tiene un crecimiento rápido y, si se cultiva en invernadero, puede generar unas 5 cosechas al año, lo que da un idea de la cantidad de residuos sólidos (plásticos-cubos-utensilios de siembra- sistemas de ventilación) que se pueden acumular anualmente.

Otros impactos medioambientales son la deforestación de la zona de plantación -previo a un nuevo cultivo hay que eliminar la vegetación autóctona-, y la pérdida de suelo fértil por la erosión lo que normalmente desemboca en escorrentías y corrimientos de tierras.

La calidad del aire también es otro factor ecológico que preocupa: cuando el cáñamo del cannabis crece, expande a la atmósfera de una serie de compuestos orgánicos aromáticos y volátiles, como los terpenos, que impactan en la calidad del aire a la vez que impregnan la zona de un fuerte e intenso olor.

Respecto al gasto del agua, que implica estos cultivos, el experto ha sido tajante al incidir en la gravedad de este problema: la marihuana necesita una enorme cantidad de agua -entre 22-25 litros por día y planta- obtenida mediante canalizaciones ilegales en ríos y arroyos naturales en los supuestos de plantaciones al aire libre.

Moleón ha señalado que en regiones donde persiste una escasez grande de este preciado líquido como la zona mediterránea ibérica, la pérdida de agua puede generar un «impacto tremendo» en toda la biodiversidad de la zona.

Para el investigador, es «probable que las agresiones a la biodiversidad causadas por la marihuana aumenten drásticamente los próximos años», con mayor intensidad en el arco mediterráneo, dado que «Europa se convertirá pronto en su mayor mercado mundial».

Por eso, ha demandado «soluciones frente a este tipo de impactos ambientales» que antes eran inexistentes en Europa pero que hora pueden suponer un importante, aunque aún bastante desconocido, impacto sobre nuestra biodiversidad más cercana.

«Somos testigos de un proceso sin precedentes que necesita ya de respuestas urgentes por parte de los políticos y gestores europeos, aún estamos a tiempo», ha concluido Marcos Moleón.