Ivone Moll relata sus vivencias al vivir encarcelada en un cuerpo de hombre hasta lograr su operación. | Pilar Pellicer

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Ivone Moll (Palma, 1965) ha vivido durante 54 años en el cuerpo de Juan José. En septiembre de 2019 se realizó una vaginoplastia con la que finalmente su físico se correspondió con su identidad pero hasta entonces su vida no ha sido fácil.

A los cinco años «ya sabía que era diferente al resto de mis hermanos», el hecho vivir como una niña encerrada en el cuerpo de un niño también le influyó mucho en el colegio «crecí mal, con complejos de inferioridad, yendo siempre por detrás de los demás… Me sentía un bicho raro», explica. En aquella época, en sa Cabaneta de los años setenta, la transexualidad «no se veía como ahora», además «ni yo no sabía lo que era», explica, por lo que no supo cómo encararlo.

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Su adolescencia fue dura. «Me enamoré de un amigo y me sentía como un monstruo». Ivone cuenta cómo llegó a tener novia porque «era lo normal». Con el tiempo una chica «se enamoró de mí, de mi sensibilidad, mi humanidad, mi todo… A mí me encantó porque los rasgos de personalidad que me faltaba a mí los tenía ella». Se casaron y tuvieron dos hijos siguiendo el curso de la vida que se suponía que debía tener. Todo cambió cuando un compañero de trabajo le preguntó si valía la pena desperdiciar su vida con los demás. «Ése fue el detonante», aclara. Ante el cambio «lo pasé muy mal, intenté suicidarme dos veces porque prefería quitarme de en medio y que mis hijos no sufrieran». Al final pudo el coraje y «no quise seguir engañando a nadie». Así llegó el divorcio y empezaron los cambios en los que remarca la importancia de Ben Amics, «fueron mi apoyo».

Llevaba cuatro años esperando la operación de reasignación de sexo y 12 con todo el proceso cuando la llamaron para darle cita. «Era la ilusión de mi vida, porque todo me había salido mal y, además de mis hijos, fue la experiencia más bonita», recuerda. «Cuando en el hospital me dijeron que ya podía ponerme de pie lo primero que hice fue mirarme en el espejo del baño, era como si lo hubiera tenido toda la vida», se emociona.

Desde entonces «soy otra persona», y asegura que no lo cambiaría por lo de antes. Recuerda que «solo tenemos una vida y vale la pena vivirla», y tras el cambio de sexo, «ya he practicado», confiesa. «Me he sentido genial porque quería y quiero seguir descubriendo mi cuerpo».