La intimidad y la química entre usuario y asistente es fundamental. | Redacción Local

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La sexualidad y la discapacidad tienen algo en común: todavía están rodeadas de un enorme tabú. Por eso, la sexualidad de las personas con discapacidad es algo que se invisibiliza en todos los ámbitos: el familiar, el laboral y hasta el asistencial.

Para dar respuesta a estas necesidades, la Fundació Aspace creó hace dos años un programa afectivo-sexual que incluye una asistente sexual. Así, Aspace Balears se ha convertido en el único centro a nivel estatal que cuenta con esta figura.

Actualmente tres usuarios de la Fundació forman parte de las rutinas de asistencia sexual. El resto de usuarios están integrados en otras iniciativas del programa, algunas de ellas con la posibilidad de poder acceder en un futuro a dicha asistencia.

Álvaro Sabater, coordinador de centro de día Es Siurell, explica que «cuando empezamos a ahondar un poco en las necesidades de las personas, salió el tema de la sexualidad. Empezamos a asesorarnos sobre qué modelos de asistencia sexual había y no existía».

Además, el hecho de que muchos usuarios tengan afectación cognitiva y estén tutelados hace que no puedan tomar decisiones, por lo que no pueden escoger.

Por eso, el modelo de Aspace dista mucho de dos personas que mantienen relaciones sexuales, y se centra en facilitar el acceso al propio cuerpo. La movilidad de las personas con parálisis cerebral es reducida y en muchas ocasiones no pueden ni siquiera acariciarse o masturbarse.

«Consideramos que todas las personas tienen derecho a acceder a su propio cuerpo, pero acceder al cuerpo de alguien», explica Sabater. Por eso, la asistente no se desnuda ni pueden tocarla. Para asegurar esto, las personas usuarias que quieran acceder al servicio deben cumplir una serie de requisitos, entre los que se encuentran comprender en qué consiste la asistencia, tener claro que en ningún momento tendrán acceso al cuerpo de la asistente y la capacidad de consentir. Por eso, menos de un tercio de las personas que van a Aspace podrían acceder a este servicio.

Testimonio

José Luis Yerga fue el primer usuario del servicio de asistencia sexual. Tiene una movilidad muy reducida, por lo que no era capaz de vivir su sexualidad. En febrero de 2018 tuvo lugar su primera sesión y desde entonces lo repite una vez al mes. Explica que «siempre he tenido curiosidad sobre mi sexualidad. Para las personas con parálisis cerebral ha sido durante muchos años un tema tabú y gracias a la oportunidad que nos ha dado Aspace hoy en día podemos hablar de ello y llevarlo a la práctica».

Según Yerga, gracias a este proyecto ha conocido su cuerpo «y puedo experimentar y decidir sobre él. Estoy feliz y tengo más autoestima gracias a la asistencia sexual».
Magdalena Solís es la asistente sexual de Yerga y dos usuarios más. Explica que «las personas que hacen uso de este programa tienen el problema de que desean vivir su sexualidad pero no saben cómo hacerlo. Ahí entra la asistencia: yo les ayudo, trabajo sus fantasías y el ambiente y cuando llega el momento facilito el acceso a su propio cuerpo».

La diversidad sexual sí se tiene en cuenta

De momento, la única asistencia sexual que se ha solicitado ha sido por parte de hombres heterosexuales. Sin embargo, el protocolo prevé que pueda haber personas homosexuales que quieran hacer uso.

Si fueran mujeres, Magdalena Solís haría la asistencia y si fueran hombres, se buscaría a un asistente masculino, que también estaría con las mujeres heterosexuales que lo pidieran.